A nuestros queridos obispos: A veces oímos a los seglares criticar las vanidades de nuestros jerarcas. No es infrecuente en el obispo la tendencia muy humana de seguir subiendo en el "escalafón".
Pero el siervo de Dios no puede aspirar a eso. Es propio de los mundanos, y escandaliza a los fieles e incluso a los no creyentes. El verdadero obispo, "indigno siervo de Dios", procura gloriarse en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, como San Pablo, en la pobreza de Jesús, en el servicio sencillo a los sacerdotes y seglares.
Esa es la verdadera categoría del obispo. De vez en cuando encontramos casos de éstos. Hemos de darnos cuenta de que nuestras miserias en este terreno trascienden al exterior y tarde o temprano salen a la luz pública.
Te recomiendo mi página web http://personales.jet.es/mistica
Más de mil artículos del autor sobre enfermos y debilidad en http://opina2000.com