Algunos obispos están creando en las ciudades la adoración perpetua al Santísimo Sacramento. Es algo muy bueno, pero no suficiente. Bien para empezar.
Si un obispo exhorta al pueblo al fervor eucarístico, pronto se notará en la diócesis: irán abriéndose poco a poco las puertas cerradas de las iglesias; muchos sacerdotes responderán de forma positiva.
Es hora de ofrecer de nuevo los templos a la adoración eucarística. ¡Organizad turnos de vela, veréis cómo cundirá el ejemplo! Leed una vez más la biografía Don Manuel González, el arcipreste de Huelva, el Obispo del Sagrario Abandonado.
Me decía un sacerdote que organizó la adoración diurna al Santísimo Sacramento que desde entonces ha presenciado verdaderos milagros de la gracia. El ejemplo va cundiendo en parroquias y diócesis.
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