A nuestros queridos obispos: Gran parte de su vida pastoral la emplea el obispo en sembrar, pero los frutos tardan. ¡Nunca desanimarse! Piense que no basta con la siembra; es preciso también vigilar para que el "enemigo" no deshaga la cosecha.
Y si el enemigo es de la propia casa resulta más difícil detectarlo.
Un caso concreto y como ejemplo: sin quererlo nuestros pastores, se van encontrando pueblos en nuestra Geografía en los que se ha perdido ya el Sacramento de la Penitencia.
Tenemos casos de lugares donde hace más de treinta años no se ha puesto ningún sacerdote nunca a confesar en la iglesia. Hay remedio todavía para que no cunda más el mal. Reintégrelo. Haga campaña por la confesión incluso en pueblos. Con celo que volverá de nuevo el sacramento a esos lugares.
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