A ti, obispo, te llaman a un sitio y a otro. Apenas te dejan iniciativa. Experimentas lo duro de la voluntad de beneplácito. Que pongas toda la fuerza de tu espíritu en aquellos actos. La palabra del obispo tiene un algo, cuando es sincera, que nunca se olvida. Todavía me acuerdo yo de algunas charlas que nos dio Mons. Delgado Gómez. Todavía recuerdo aquello, entre otras cosas:
"Los albañiles van siempre muy blancos. El contacto con el yeso y la cal los blanquea. ¡Vosotros vais a estar en contacto continuo con Dios en vuestro sacerdocio: sed conscientes de ello, para que se note vuestro estado, como el del albañil". No sé si las recordarás.
Te recomiendo mi página web http://personales.jet.es/mistica
Más de mil artículos del autor sobre enfermos y debilidad en http://opina2000.com