LA PÁJARA

La primera vez que oí esta palabra fue con ocasión de un tour; cuando nuestro Induráin corría por Francia. Llevaba ganando una serie de etapas de montaña y era el asombro de todo el mundo del deporte. Pero en una jornada cualquiera, le atacó "la pájara"; lo pasó muy mal, pero no se retiró y fue campeón una año más. "La pájara" afecta más a los buenos, a los trabajadores. Nunca a los vagos porque son incapaces de un gran esfuerzo. Cuando "la pájara" es duradera, toma el apelativo de estrés, agotamiento o debilidad. Antiguamente la llamaban enfermedad nerviosa. Unas pocas semanas de descanso, buena alimentación y distracción dejan al enfermo como nuevo. A veces uno quiere salir de este atolladero y no lo consigue.


Cuando el paciente se encuentra en estas circunstancias, no ha de desanimarse. Es preciso sacar fuerzas de flaqueza, como nuestro Induráin en las carreras, o doña Trinidad, la señora que vi el otro día en la televisión.

¿Quién es esa doña Trinidad? Ha cumplido noventa y cinco años de edad y siete de viuda. Ella se dio cuenta de que en la vida no puede uno dejarse vencer por "la pájara", ni por ningún tipo de depresión. Era analfabeta, y se le ha ocurrido sacar el certificado de estudios primarios. Decía: "Antes me orientaba en todo mi marido. Ahora no puedo deprimirme; estoy empezando a aprender a leer y escribir, y podré así relacionarme con mi hijo que vive en Londres. Sin tener un poco cultura no puedo marchar a esa ciudad, porque me vería obligada a quedarme siempre en casa como una monja de clausura". Así, casi centenaria, se lanzó a la aventura de aprender al menos lo que sabe una muchacha de catorce años. Siempre es posible superarse para recuperar la salud; para una rehabilitación física o psíquica; para arrepentirse y ser bueno a los ojos de Dios, ayudados de su gracia. Nunca desanimarnos por los fracasos parciales.

El que ha experimentado "la pájara", nunca caerá en las tentaciones de apearse del sillín o de considerarse malo. La debilidad es propia de la persona humana en todos los aspectos. Para lograr superarse está la ayuda del médico, del psicólogo o del sacerdote. En una palabra, la gracia de Dios que en todas las circunstancias nos guía.


José María Lorenzo Amelibia
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