1.- Dios mío, cuánto has hecho por mí: crearme, conservarme, elevarme al orden sobrenatural, hacerte hombre por mí para salvarme, darte en alimento en la Eucaristía... has creado el Universo con innumerables astros; la materia con células y átomos cuasi infinitos. Viniste a nosotros para redimirnos. Sufriste. Resucitaste.
2.- Has creado la gracia para que yo viva una relación íntima contigo, Dios mío. Son dones de primerísimo amor y que han de despertar en mí el amor a ti. Es lo que me ofreces un verdadero desposorio de amor.
3.- ¡Cuántas gracias te doy y te seguiré dando por las perfecciones con que adornas mi naturaleza, y por los infinitos medios que me ofreces para conservarla y desarrollarla! Te agradezco por la esperanza cierta de nuestra resurrección.
4.- Pues me has dado tanto, concédeme una cosa más: que te ame con todo mi corazón, con toda mi mente; con todas mis fuerzas; con toda mi alma. Y que viva siempre con alegría pascual.
5.- Que cuanto me has dado para mi bien, te lo devuelva centuplicado, como el siervo bueno y fiel; que no me contente con enterrar mi tesoro sin hacerle producir.
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