Procurar orientar un día y otro nuestra alma hacia esta altura sobrenatural

Es grande pensar que Dios camina siempre junto a mí, junto a ti, como con los de Emaús. ¡Y no lo distinguimos! El es nuestro mejor compañero, nuestro amigo íntimo. Y no se trata de una simple imaginación. El nos lo dijo: "haremos morada en él". No puede haber mejor compañero de peregrinación.

Lo que pasa que este tiempo tan breve en sí en comparación con la eternidad y con lo que tú y yo llevamos vivido, cuando toca sufrir o pasarlo mal, se hace demasiado largo. Este es el problema. ¡Permanecer en Cristo! Como en una acción de gracias prolongada después de comulgar. Ya nos lo decía Jesús por medio de San Juan: "El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto." Hemos de procurar orientar un día y otro nuestra alma hacia esta altura sobrenatural. Por otra parte en ello encontramos también gran felicidad y total eficacia en nuestro apostolado.

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