Quisiera vivir como la temporada de mi conversión. Resultó dura la lucha para vencer las dificultades, las pasiones, los instintos y caprichos, pero la alegría y el amor que acompañaba a uno lo hacía todo llevadero. ¿No sueles tú también de vez en cuando rememorar aquellos tiempos de bendición?
Pero si todo fuera tan de ensueño como entonces, ¿dónde estaría el mérito? En parte sí que podemos vivir como hombre nuevo, con gran fervor. Basta para ello tomar la cruz y seguir a Jesús. Sin buscar el placer o satisfacción propia a todas las horas o siempre que sea posible. El error de muchos, y me incluyo, está en querer gozar del fervor divino y andar buscando la propia satisfacción material o espiritual. Yo convencido de esto estoy, pero qué difícil romper tantas ligaduras a la hora de la verdad...
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