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Tema del retiro: Pasión de Cristo
1.- Mi meditación hoy, Señor, es de retiro, de dedicar la mañana a estar del todo en tu presencia. Deseo vivir el tiempo que me des en este mundo muy unido a Ti, consciente de que he de aprovechar hasta el final. Ven, oh Dios, en mi ayuda. Apresúrate, Señor, a socorrerme.
2.- Deseo meditar y contemplar tu rostro, Señor, en toda la pasión. Ayúdame hoy a hacerlo en los momentos de la sentencia; en el momento de verte ayudado por Simón de Cirene; en la escena en que las santas mujeres te quisieron ayudar. Quiero adentrarme en Ti. Ayúdame.
3.- Miro a Pilatos cuando pronuncia tu sentencia de muerte. Cómo se estremecería del todo tu ser entero, y tu divinidad quedaría oculta para no dar ningún consuelo a tu humanidad. Te ves rechazado por el Pueblo de Israel, al que habías venido a salvar. No quiero buscar la mera compasión, el puro sentimentalismo que a nada conduce. Quiero, Señor, desde la hondura de la fe aquello que decía San Ignacio: "Dolor con Cristo doloroso, quebrando con Cristo quebrantado; lágrimas y pena interna al ver tanto como Jesús sufrió por mí".
4.- El sufrimiento de Jesús revela el amor de Cristo por los hombres, por toda la humanidad; amor de Redentor, amor sin límites, porque Jesús era Dios y también hombre verdaderos y su amor no tuvo límites. Nadie hay con mayor amor que quien da la vida por sus amigos. Por eso, Señor, reconozco tu amor, reconozco tu redención, y deseo siempre agradecer, corresponder, amar. Quiero recibir tu eficacia salvadora. Y desde mi condición limitada, pero unido a Ti, deseo y te pido para transmitir por todas las partes tu eficacia salvadora. Dame luz para antes percibirla yo desde el aspecto sobrenatural. Que quiero ser testigo de tu salvación, que quiero infundir por todas las partes una visión esperanzadora del mundo. Pero me olvido a veces. Ven en mi ayuda, de tal manera que desde mis posibilidades se cooperador de tu salvación.
5.- Con tu pasión y muerte, Señor, fuiste la manifestación del amor del Padre; fuiste la manifestación de la alianza que se renovó de nuevo en tu Pascua, en tu paso de la muerte a la vida. ¿Qué podré hacer por tanto como me has concedido? Tomaré el cáliz de la salvación e invocaré tu nombre, Señor. Sí, algo más que compasión debo tener hacia Ti. Por supuesto que también compasión, pero que sea con todo este conocimiento de fe, con toda la práctica de la salvación. Ayúdame a poder aplicarla a mi vida y a la vida de tantas personas, que sin saberlo, es eso lo que van buscando. Señor, ven en nuestra ayuda. Dadnos, Señor, sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, cristianos comprometidos santos. Dadme a mi ser santo.
6.- Sí, Señor, que no sea mera compasión mi contemplación de la pasión. Que sea mucho más, que sea adentrarme en la fe en Ti, profesión total de mi fe, dentro de un ambiente de compunción interior por mis pecados y los de todo el mundo. Deseo reparar con este acto por los pecados del mundo. Deseo unirme a tu pasión para la salvación del mundo. En María Magdalena se despertó la fe, no cuando lloraba, sino cuando respondió a la voz de su Señor que pronunciaba su nombre: "¡María!" Y ella respondió, "¡Maestro!". Entonces despertó su fe entera, entonces... Porque puede haber personas que se conmuevan en la pasión del Señor, pero no den respuesta de fe. La compasión me ha de llevar a dar esa respuesta de fe, de sentirme unido con Cristo
7.- Compasión hacia Ti Señor, desde la fe, desde lo más profundo de mi ser, Jesús mío. Como la Virgen María que estaba al pie de la cruz. Con amor afectivo y efectivo. Yo lo comprendo, Señor, pero de verdad, me siento incapaz. Me conozco desde hace muchos años, y sé que aunque sean muchos mis propósitos, nunca acabo de entregarme a Ti de verdad. Desde el reconocimiento de mi debilidad, sin querer pecar de voluntarismo ni de quietismo, me pongo en tus brazos de Padre, me pongo delante de Ti, Jesús mío y te pido ser un poco al estilo de María. Saber estar al pie de la cruz.
8.- Jesús, Tú eres el Mesías, el enviado de Dios, el testigo de Dios, el Hijo de Dios que vino al mundo para salvarnos; y sufriste la pasión para salvarnos. Ven en nuestra ayuda. Eres, Jesús, el Justo perseguido, entregado a los hombres, maltratado y malherido y muerto parra nuestra salvación. Eres el Cordero de Dios, llevado a la muerte. Eres la Alianza nueva, la teofanía de Dios de su misericordia. Pido tu misericordia y tu perdón para este Pueblo, para mí también porque soy reo de pecado y de infidelidad. Perdona a tu Pueblo, Señor, perdona a tu Pueblo, perdónale Señor. Y danos la fuerza para convertirnos. Quiero reparar por este Pueblo y por mis pecados.
9.- Jesús toma la cruz por nuestros pecados. San Juan nos dice que tomó la cruz. Como signo de su real voluntad, la tomó como estandarte, como bandera, como signo de salvación para nosotros. Mateo nos dice que le obligaron. Y supiste aceptarla. A mí también me obligas, Dios mío, a llevar la cruz. Ayúdame a que lo haga como Jesucristo; que la tome como estandarte, como bandera de salvación. Que quiero ser como Simón de Cirene a quien obligaron, pero luego llevó con plena voluntad. Fue llamado Simón a ir detrás. También deseo ir con mi cruz en pos de Ti, llevando mi cruz, prolongación de la tuya. Cumplir de esta manera lo que falta a la pasión de Cristo. Deseo compartir tu misión, Señor. Ayúdame a que este deseo sea efectivo, sin quejas ni protestas, que lo mire como lo han mirado los santos, como privilegio de amor. No te pido cruces, no soy capaz. Te pido fuerza para cuando me mandes llevar tu cruz en mi carne. Sí, me entrego a Ti, Señor, y deseo llevar esta cruz que me envías en pos de Ti.
10.- Simón de Cirene es llamado a ir detrás de la cruz, a compartir la misión; y ciertamente le obligan. En realidad es un honor y es una misión, pero él tuvo que darse cuenta. Tuvo que hacer un acto de fe en Jesucristo en aquellos momentos. Y ha sido ejemplo para muchos desde entonces. Lo es para mí que quiero llevar también la cruz con Jesucristo. Representa también al amigo que ama; al amigo que sabe compartir las cargas según aquello de San Pablo. Que cada uno lleve las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo. Deseo compartir con Jesús junto con su cruz, el amor para suplir en mi carne lo que falta a su pasión. Pido al Padre fuerza para cumplir este deseo. Y lo pido por medio de su Hijo Jesucristo. Virgen María, sé Tú nuestra mediadora.
11.- Contemplo ahora a Jesucristo cuando consuela a las mujeres de Jerusalén. Miro con mi imaginación aquel ambiente de entonces. Había un grupo de enemigos; no demasiado grande, pero muy influyentes. Había un pequeño grupo de amigos y la Virgen María que le acompañaron con dolor y amor hasta el último momento. Había un grupo numeroso de gente curiosa. Entre ellos las mujeres de Jerusalén, que al verlo, dejaron la curiosidad y fueron del todo compasivas. Hubiesen tal querido hacer algo por él, darle algo para que no sufriera tanto. Y lloraron al verle. Cristo les dice: "No lloréis por mí; llorad por vosotras y por vuestros hijos". Antes había llorado Jesucristo por la destrucción de Jerusalén. Seguro que veía en aquellos momentos la ruina total de su Pueblo. Por eso les dijo esto a aquellas buenas mujeres.
12.- La muerte de Jesucristo representa la catástrofe final de Jerusalén. "Yo te saqué de Egipto y tú me llevas a la cruz. Yo te alimenté de maná, y tú me diste vinagre". Perdona a tu Pueblo, Señor, yo quiero reparar con mi estancia aquí junto a Ti todo el daño que te hicieron nuestros pecados. Quiero reparar tanta indiferencia ante Ti. Y deseo hacerlo desde la hondura de mi fe. Cambia de una vez mi corazón, para que sea del todo tuyo.
13.- Existe el infierno. Pero Dios me ofrece su amor que salta hasta la vida eterna. No despreciaré la fe, ni viviré como si no tuviera fe, que sería catastrófico. Deseo vivir a tope mi fe, vivir a tope el misterio de nuestra salvación, vivir a tope con compasión afectiva y efectiva desde la hondura de mi fe. No despreciaré mi fe, que sería catastrófica y precipitarme en el infierno. Me uno a Ti, Cristo mío. Contemplo tu mirada liberadora. Me abandono a tu infinita misericordia. Y ten compasión y misericordia de tu Pueblo, Señor.
Examen práctico:
1.- ¿Cómo aprecio en mi vida interior la pasión de Cristo?
2.- ¿Practico el Via Crucis alguna vez yo solo? ¿Veo la conveniencia? Pensar.
3.- Mis reacciones ante la pasión de Cristo.
4.- La cruz de Jesús y mis cruces. Pensar.
5.- Mi sentido de la humildad mirando la pasión de Jesús.
6.- Mi sentido de sacrificio mirando la pasión de Jesús.
7.- ¿Cómo grabar en mi mente la figura de Cristo doloroso?
8.- ¿Cómo superar que la meditación de la pasión no sea meramente sentimental?
9.- Proyectar la pasión de Cristo en mi vida interior, buscando el sacrificio voluntario.