SABER REACCIONAR

A la cantante Lamari le ocurrió algo muy duro en su vida: en un examen rutinario le detectaron un cáncer de mama. No se trata de algo raro, pero “a quien le toca, le toca”, y ha de enfrentarse con el mal. Muchas son las mujeres, también algunos hombres, quienes pasan por este trance. Lamari supo reaccionar bien. En la vida muchas veces la diferencia entre el éxito y el fracaso se debe a la actitud con que nos enfrentamos con el evento.



Y nos dice la cantante: “Yo animo a todo el mundo que haya tenido una enfermedad a que no se pregunte “por qué a mí”?, sino que intente sacar lo que tiene dentro, y reaccione de una manera positiva y constante. [...] Una de las cosas que he descubierto es que tengo virtudes, no solo defectos; que gozo de un corazón bastante grande. No me alegro del cáncer, pero sí de que a través de él he experimentado una llamada personal e íntima”.

Desde el primer momento Lamari comenzó a escribir cuanto le ocurría; le servía de desahogo. Con aquellos apuntes redactó más tarde un libro. Todo aquello para ella fue una verdadera terapia: además del alivio personal, le ayudó a superarse. Era una especie de autocontrol para avanzar con mayor seguridad en su curación. Muy bueno en todos los aspectos, sobre todo en el psicológico. En este proceso de reflexión descubrió la importancia de la familia. Antes del diagnóstico se sentía sola; después desapareció aquella angustia pretérita de incomunicación. Y sobre todo, comenzó a interiorizar en su alma.

Aprendió a mirar hacia adelante; a no refugiarse en recuerdos y añoranzas; había que vencer. Se ejercitó en valorar el tiempo de manera muy distinta, y esto fue ya una actitud tomada para el resto de su vida. Es una de las lecciones que nos enseña la enfermedad. Y sobre todo aprendió a perdonar, a olvidar pequeñas diferencias con sus familiares y amigos.

Saber reaccionar a tiempo produce en nuestras almas efectos del todo positivos. La experiencia de muchos que han sufrido una grave enfermedad es enriquecedora y gratificante en el terreno espiritual. Unos han adquirido una fe más profunda; otros se han vuelto más humanitarios; la mayoría hemos madurado como personas. No es de desear a nadie pasar por estos trances duros, pero si llegan, hay que saber aprovecharlos para relativizar muchas cosas que nos parecían imprescindibles, y apreciar más algunos ideales olvidados.

José María Lorenzo Amelibia
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