¿Siempre Juntos el matrimonio?

Da alegría ver un matrimonio muy unido; una pareja inseparable. Es un testimonio de fidelidad. Para eso se han casado. Eso no quiere decir que cada uno no tenga su propia vida individual. Es absurdo y contraproducente lo que algunas mujeres pretenden: que el marido a todas las horas esté con ellas. Conviene que cada uno disfrute también de su individualidad. En este sentido no es conveniente estar "siempre juntos".


Pero sí, juntos siempre en el aspecto de fidelidad, de acompañarse en todo lo importante, en la educación de los hijos, en la comunicación diaria. Juntos por supuesto en la interrelación sexual. Pero...

No es el matrimonio un paraíso de deleites. La obsesión sexual de los primeros meses, lentamente va cediendo, y suele transformarse en amistad amorosa. Sin embargo, durante toda la vida, tiene importancia la relación sexual. Con el paso de los años, la frecuencia del uso del matrimonio irá reduciéndose, pero difícilmente desaparecerá. Es más, fuera de casos excepcionales de enfermedad o de haber elegido ambos esposos la continencia, sin ninguna clase de votos, para entregarse más de lleno a la oración, es preferible el uso moderado del matrimonio. Fomenta el amor y reconcilia a los cónyuges.

Juan Pablo II nos dice en la cíclica "Familiaris Consortio" a este respecto: "Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza: llamándole a la existencia por el amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor... El amor abarca también al cuerpo humano, y el cuerpo se hace partícipe del amor espiritual." Por consiguiente, el acto sexual afecta al núcleo íntimo de la persona. Y hemos de pensar con el Papa que sería un engaño la relación sexual si no fuese signo de la donación de toda la persona. No se trata de ningún juego animalesco.

Sí; el Espíritu Santo nos ofrece en el Sacramento del Matrimonio una comunión nueva de amor. ¡Casi nada!, nos eleva nada menos que al símbolo del amor que Jesús tiene a su Iglesia. Y más aún, se trata de un signo del amor que Dios tiene a la humanidad. Es preciso que nuestras parejas católicas den testimonio de un amor indisoluble. ¡Siempre juntos hasta que la muerte los separe! Nada de pensar en compromisos temporales. La indisolubilidad del matrimonio es una exigencia de Jesús, un bien para los hijos, una seguridad para los dos esposos. Y siempre fieles el uno al otro en total exclusividad.

Os aseguro con la experiencia de muchos años de matrimonio que la fidelidad es una fuente de gozo incomparable. No se cambia por nada. El uno para el otro en exclusiva y durante toda la vida. Vendrán a lo largo de nuestra existencia conflictos; normal. Pero siempre en nuestra mente la decisión irrevocable de solucionarlos, porque nos hemos prometido amor eterno: hasta el Cielo. Y allí, ¡también!, porque estoy seguro que el Señor nos ha de permitir estar allí muy cerca, muy cerca el uno del otro.

J.M. Lorenzo

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