Me encuentro con un temperamento dinámico. Siempre tengo que hacer algo. Siempre pensando, escribiendo, actuando según mi temperamento me sugiere. Quiero poner siempre mi actuación al servicio del Señor, y por ser útil a mis semejantes. A fin de cuentas para El vivimos y de El somos, y por su Reino hemos de trabajar.
No hemos de desanimarnos a pesar de vernos casi incapaces. Con cuatro tablas se puede construir un sagrario; y con Pedro y Magdalena hizo Jesús grandes santos. A veces pienso que con un temperamento inquieto y dinámico se puede menos, porque tal vez le quitemos la iniciativa a Dios. Pero hemos de confiar. El sueña más que nosotros en realizar una obra grande en nuestras almas.
Una vez me decía un cura: "Hemos de estar siempre en tensión espiritual." Se me grabó. Estar siempre a la escucha. Jesús nos está pidiendo silencio y humildad; buen trato a todos y hacer algo por el Reino. ¡Estar a la escucha! Saber refrenar las respuestas intemperantes, descaradas, el amor propio, los nervios. Si estamos en esta tensión, nada negaremos a Jesús. Y el éxito es seguro, porque toda persona que se supera está haciendo un mundo mejor; ayuda a mejorar el mundo.
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