1.- Muchos cristianos sepultan a Jesús en su interior cuando comulgan; ni le hacen caso después. Lo dejan como envuelto en un sudario frío.
2.- Vamos a ser conscientes cuando comulguemos. Vamos a reflexionar mientras nos dirigimos a la iglesia. Desde ahora soy consciente de que Cristo mismo viene a mi corazón al comulgar.
3.- Yo, dice Jesús, quiero ocultarme a mí mismo, ocultar mi gloria, a fin de que los resplandores de mi persona no impidan a mis pobres hermanos acercarse a mí. Así nadie tendrá miedo, viéndome descender hasta el límite de la nada. Así aprenderán a ser mansos y humildes de corazón.
4.- La Eucaristía vigoriza nuestra fe; eleva, purifica y ennoblece el amor: enseña a amar.
5.- Quitar en mí todo lo que repugna a la voluntad divina para quedar transformado en Dios por amor.
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