El ansia de placer es inagotable


La felicidad o el placer de los bienes de este mundo, si nos agarramos a ellos, borran poco a poco de nuestra memoria la ilusión, y preocupación por la virtud y por los bienes eternos.

Nos alejan de Dios. El ansia de placer es inagotable. Y nuestra naturaleza se agarra al placer de tal manera que, si eliminamos uno al que nos sentimos muy adheridos, enseguida nos agarramos a otro.

¿Cómo crecer en el amor de Dios y darnos todos los gustos naturales? Por eso, la mortificación en la vida espiritual debe estar siempre presente. Recuerdo que el ansia de sacrificio es lo primero que eliminé de mi vida "para encontrarme tranquilo". Así me fue la cuesta abajo. Así de difícil se me hizo reemprender con ilusión la vida interior.

Ahora envidio los tiempos de mi primera conversión; cuando sacrificarme era para mí algo continuo. Pero a eso debo llegar otra vez. No sé cuál será tu experiencia en este sentido.

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