Para cambiar a mejor

Evolucionar, querido amigo, debemos ir cambiando constantemente a mejor. A ello va ordenada la luz divina de la fe que luce en nosotros.


Hasta el más humilde cristiano, si le entusiasmamos con este crecimiento espiritual, si nos ve fieles, se estimulará. ¿Recuerdas lo de Tissot?: ser como un instrumento maravilloso de donde el Espíritu Santo arranca melodías divinas. ¿Cómo podríamos aprender a calentar a todo el mundo, con gracia, en estos caminos de ir a Dios con deseo total? Créeme, yo me lo pregunto muchas veces. Dedicar muchos ratos a la oración para sacar calor en nuestra alma capaz de templar todas nuestras relaciones humanas.

Aquello de Isaías: "Venid a las aguas vivas todos los que estáis sedientos; probadlas, y veréis cuán deliciosas son." Si nosotros las probamos, las daremos a probar. Y la gente nos escuchará a gusto y les vendrán ganas de ir cambiando de vida, si les hablamos con el corazón, de algo vivido, de la abundancia de nuestra alma.

En el continuo cambio a mejor, necesitamos poner en comunicación con otras personas la vida religiosa. Antes se conseguía este objetivo mediante la dirección espiritual. Hoy parece que carecemos de aquellos maestros de la vida interior, antes tan abundantes. Si no entramos en contacto con otras personas de los mismos ideales que nosotros, corremos el riesgo de ahogarnos en nuestro ideal cristiano.

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