La ley del celibato obligatorio para los sacerdotes debiera suprimirse


Hace treinta y cinco años comenzamos nuestra andadura con la ilusión de lograr la reintegración en el ministerio los sacerdotes casados que lo deseáramos, y la abolición de la ley del celibato en cuanto obligatorio. Estamos convencidos de que ambas pretensiones están de acuerdo con el derecho divino y con el Evangelio, con el dogma y con la moral.

Las leyes celibatarias, desde Elvira hasta el nuevo Código de Derecho Canónico son incoherentes con la doctrina católica, porque han roto muchos matrimonios, violentando aquello de Mt. 19,6 “Lo que Dios ha unido, el hombre no puede separar”. (Recordemos la prohibición del uso del matrimonio a los sacerdotes casados). Y por otra parte han quitado a los clérigos hasta el mismo derecho al matrimonio, en contra de 1ª Cor. 9,5 “¿Acaso no tenemos el derecho de llevar con nosotros una mujer como los demás apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?”

El privar al sacerdote casado – y a la Iglesia – del ministerio, lo vemos con claridad, es decisión incoherente con el dogma. En otras ocasiones hemos dado argumentos.

Por eso nunca cesaremos de levantar la voz, aun a sabiendas de que a corto plazo nada vamos a conseguir. Y por eso también algunos de los nuestros, ya cansados de insistir, han arrojado la toalla.

Agradecemos en el alma las cartas de aliento, incluso de obispos, que nos animan a seguir en esta línea de trabajo. Son muchos los que nos respetan, alaban y alientan a seguir insistiendo a la jerarquía querida por Jesucristo. Aunque tenemos razón, nada haremos contra lo mandado. Ahí está nuestra fuerza.


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