¿Ha desaparecido el viático?


Me alegra mucho haber escrito en mi juventud, día a día, unos cuantos cuadernos con los sucesos e impresiones de aquél entonces. Hoy, al repasarlos, encuentro páginas llenas de colorido. Como cuadros impresionistas -no sé si bien o mal pintados- llenos de vida. Así describía el viático de un anciano coadjutor de mi parroquia:

"Hoy han administrado el santo viático a Don Alejandro. Noche de frío y nieve: sólo se oye el monótono pisar de la gente silenciosa: los fieles que acompañan al Señor. Pisar interrumpido por el tintineo de la campanilla y las voces de los sacerdotes que rezando el "miserere" escoltan a Jesús Sacramentado. Caminan los hombres en dos filas, llevando en sus manos cirios encendidos. En medio, bajo palio de lienzo y oro, camina Jesús rodeado de hombres de buena voluntad. Noche de frío. Copos de nieve posan su mansedumbre en el suelo. Ha llegado el santo viático. De los labios del sacerdote enfermo brota la plegaria humilde: "Señor, yo no soy digno..." Jesús le consuela en medio del dolor. Es el premio de sus fatigas. Pronto le abrirá las puertas del cielo para el abrazo eterno."

Cuando repaso estas líneas pienso que merece la pena recuperar este rito emotivo del viático. Pero dándole un tono de alegría y esperanza, porque el Señor va a ser nuestro acompañante en el viaje corto hacia el encuentro definitivo con el Padre.

Llevar la comunión al enfermo es gesto de fe, que manifiesta la unión y solidaridad entre la comunidad cristiana y los miembros dolientes que no pueden asistir al templo. Se les entrega el Pan de Vida, consuelo para el débil, es la misma fuerza: Jesús. De este modo los enfermos son alimentados en la fe y permanecen unidos a la comunidad. Y en el momento de partir a la Patria eterna recibe seguridad total al paciente.

Cuando el cura de Ars se hallaba próximo a la muerte le administraron el santo viático. El derramó muchas lágrimas durante todo el acto. Admirada una persona de que el santo llorase, le preguntó: "¿Por qué llora, padre? El respondió: "Me da pena que esta sea la última vez que recibo a Jesús. ¡Son tantas las que lo he recibido con fervor!" Pero le consolaba que en la otra vida permanecería con El para siempre. ¡Esa fe constante necesitamos! Ese amor a la Eucaristía, que nos impulse a nunca separarnos de ella ni en la vida ni en el peligro de muerte.

El viático es la misma comunión junto a una serie de oraciones, que marcan la última etapa de la peregrinación por este mundo y que se inició en el bautismo.

La Iglesia no olvida a sus hijos en la enfermedad. Necesitamos aumentar nuestra fe y confianza. ¿Qué mejor compañía para pasar la frontera de esta vida?

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