Nos escribe un sacerdote mayor casado


Mi vida es sencilla – me escribe un compañero, sacerdote secularizado – sí, mi vida es sencilla. Me jubilé hace ya diez años, soy mayor, próximo a cumplir los setenta y cinco. Me encuentro bien de salud dentro de los límites de nuestra edad. Puedo decir que esta última etapa de mi vida es la más feliz. Los hijos están ya casados; los nietos nos ocupan mucho tiempo y son nuestra ilusión. Nunca pude imaginar la alegría que proporcionan los nietos, son como volver a una nueva y más rica juventud.

Pero si he de serte sincero, es mi esposa la que más alegrías me proporciona y creo que yo a ella. Me ha respetado durante toda mi vida en mi ilusión sacerdotal e incluso me ha seguido en mi vocación, y ayudado. Es la persona a la que más he de agradecer en este mundo. Pienso que a ti te ocurrirá algo parecido.

Mi vida interior no la abandono; al contrario, la voy intensificando. No practico tanto como antes la lectura espiritual, pero sí leo algo. Eso sí, me da mucho más tiempo para la oración y, desde que un amigo me habló de la oración continua, me voy acercando a ese ideal maravilloso. Noto que se aproxima mi fin en este mundo, pero estoy tranquilo porque sé “de quién me he fiado”.

También hago lo que puedo por el Reino de Dios. Pero de eso hablaremos otro día. Un abrazo, amigo.

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