La gente en general no gusta de meterse en su interioridad. Por eso no apetece la oración. Por eso también va perdiendo poco a poco la conciencia de pecado. Nosotros para dedicarnos a la oración no lo vamos a hacer de corrida, como con ganas de quitar un compromiso molesto. No. Vamos a entregarnos en cuerpo y alma a la oración.
A mí me ayuda mucho pensar, antes de introducirme en la oración, la brevedad de la vida. ¡Todas aquellas personas que conocí en mi juventud en el poder religioso o político, todas han pasado ya. La vida ha corrido mucho para ellos. Para nosotros está ahora corriendo. ¿De qué nos sirve la estima, la buena consideración de la gente? Lo que permanece, Dios, es lo único necesario.
Lo importante es dedicar una hora o más a la oración ex profeso. Estar con atención en presencia del Señor. El método es lo de menos. Lectura meditada, acompañamiento musical, escrita, repetir una frase, dejarse captar de Dios, oír salmos... Si la oración aumenta mi amor afectivo a Dios, debo practicarla cuesta lo que cueste. Si puedo más de una hora, mejor. Pero asegurar al menos una hora diaria. Y algunos ratillos de propina siempre pueden caer. ¡Acaba de entregarte ya "de vero"!
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