¿Cómo mantener la presencia de Dios?

Somos amigos; sentimos esa gran intimidad espiritual. Y ahora se trata de mantener el contacto, la presencia de Dios durante todo el día, en todo momento. Hacer oración de todos los actos del día, esta es la aspiración de cuantos practicamos la vida interior. Si vivimos así, nuestros encuentros trimestrales gozarán de un fervor extraordinario, nos darán fuerza y deseo de seguir, porque nuestra fortaleza viene de esa unión con Dios.
En mi época pasada, ya te lo he dicho en alguna otra ocasión, he disfrutado de una gran afición a las novelas, la historia y todo género de literatura. Durante el día, siempre mi pensamiento estaba absorbido por los personajes de ficción, los hechos de la Historia, cualquier cuestión científica. No es cosa mala ciertamente.
Pero si va uno notando que en su alma crece poco a poco el amor de Dios, paulatinamente irá dejando esas lecturas, y el tiempo libre lo dedicará más a otro asuntos relacionados con Dios. Así la lectura espiritual va llenando los ratos de "ocio".
Durante el trabajo manual es muy bueno mantener vivo nuestro contacto con Dios. Creo que lo hemos comentado en alguna ocasión: escuchar cintas grabadas con los libros de espiritualidad que más nos han impactado. ¡Qué bien así vamos creando en el alma un ambiente en el que Dios cabe y está con nosotros en un templo viviente con toda consciencia!
Como muestra te envío estas dos cintas del P. Arintero. Pero siendo realistas, te digo con cierto dolor: junto al Señor a veces no sé qué hacer. Me encuentro como seco, no logro comenzar mi oración. Pero ya no me aburro, me encuentro a gusto. Se me pasa el tiempo rápido y me cuesta tener que dejar la oración para dedicarme a otras cosas.
Delante de El me siento como un siervo inútil que no ha sabido hacer las cosas más que a medias y con muchos desperfectos. Encima todo contaminado por el amor propio. Y no me importa estar sin ganas. Es lo que merezco. Un libro me ayuda mucho en esos momentos. No me preocupa ser el eterno principiante. ¿Qué más da? Lo necesario es amarle según el plan que El tenía para mí. Siempre el trato con Dios da paz. ¿Verdad que a ti también?
A veces me suelo decir: ya que mi oración resulta tan imperfecta, a ver si al menos consigo durante el día mantenerme en contacto con Dios. Eso puede suplir un poco mis deficiencias. Porque también estoy convencido de que muchos santos que hay en el cielo nunca gozaron de raptos ni fenómenos de alta contemplación.
Dios nos sigue día a día como una tierna nodriza, más como una madre y nos deja que hagamos algo de nuestra parte. Algo. Ese algo, lo que está en mi medida, es lo que vamos a hacer hoy. ¿No te parece? ¡Quién pudiera vivir como los santos: con la gran ilusión, con la única ilusión de amar a Dios, y en El a todos nuestros semejantes! Que éste fuera el gran placer de nuestra vida, nuestra total realización.
Como leíamos en el libro de Félix Beltrán: nunca nos encontramos solos; todo lo contrario, junto a la gran compañía, junto a la Gran Amistad. Para lograr esto no hay más que un camino: hundirse con Dios en el fondo de nuestro corazón; en oración hecha con empeño; en amistad profunda con El. A la larga se va notando, y brota de nuestro ser la alegría de esta Gran Amistad. El apostolado ni siquiera tiene uno que proponérselo. Basta dejarse guiar por este gran amor. Como una madre hacia su hijo.
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