La medida del adelantamiento en la virtud


Suelen decir que la medida del adelantamiento en la virtud es ver cómo va uno en el terreno de la mortificación. Es lógico.

La adquisición de hábitos buenos lleva consigo sacrificio y constancia. Humildad, dominar las pasiones, paciencia, retirarse de las aficiones del mundo, caridad, condescendencia... todo esto resulta costoso y exige mucho sacrificio.

A mi juicio la abnegación, renuncia, espíritu de mortificación es muy difícil de conseguir. Y es necesario comenzar por la oración diaria. Pedirle a Dios este don para poder avanzar. La honradez más elemental exige no aconsejar a otros lo que uno no practica o se esfuerza por practicar.

En mi vida he pasado temporadas alejado de la mortificación. Otras aspirando a ella. Pocas del todo metido en conseguir esta virtud. Y, la verdad, el tiempo de mayor fervor: cuando he sido más mortificado.
Claro ya lo tenemos. Por algo hemos leído Tissot. La penitencia por deporte, por ver hasta donde llego batiendo marcas, no la debemos practicar.

La mortificación no es más que un instrumento de la virtud a conseguir. También es un modo de manifestarle al Señor nuestro amor. Dios no se fija en la penitencia para conseguir metas egoístas.

Esta sería obstáculo en el camino de la perfección. Hemos de practicar la mortificación por amor, con humildad y paciencia perfecta. Y pensando las cosas; con el conocimiento verdadero de Dios y del propio yo.


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