Los obispos españoles de hoy, sus peligros

Ayer mismo comentaba la actualidad de los obispos españoles de hoy, muy distintos de las hornadas de finales de siglo: son los de ahora como más obispos, más seguros, más conservadores, tal vez incluso más piadosos: una esperanza para el futuro, para la nueva evangelización. Pero también tienen sus peligros.
Y no me refiero al desaliento ante las nuevas circunstancias de la sociedad; ese peligro lo han asumido desde incluso antes de ser llamados al sacerdocio de primer orden. Me refiero a otros riesgos más sutiles, en los que tal vez no reparan.
Peligro de la autosuficiencia, de creerse distintos. Algunos incluso son muy jóvenes para este cargo. Han de tener mucho cuidado con no manifestar esta tendencia solapada y corregirla antes de que brote: dos ejemplos:
Un obispo de estos nuevos, muy entirillado incluso antes de ser elegido, le decía a un sacerdote veinticinco años mayor que él, cuando lo recibió en visita privada: (el cura vestía de jersey color verdoso) “Don X, vienes vestido como un camionero…” Ese mismo obispo, le espeta a un chaval de unos veinte años que por costumbre acudía todos los días a ayudarle a Misa: (el chaval era melenudo y con un pendiente en una oreja). “Si el próximo día vienes así, no te admito como monaguillo”.
Y encanta escuchar las homilías de este “buen” obispo actual: todo piedad, unción y… - ¡ay Señor! – no quisiera que fuera un hipócrita a juzgar por las faltas de delicadeza y caridad anteriores. ¡Peligro de autosuficiencia! Examinaos.
Peligro de dominar las conciencias. Son tan celosos algunos de estos prelados, que a veces se pasan. Así por ejemplo, un obispo muy piadoso y santo él, hablaba en particular con uno de sus sacerdotes en una conversación distendida; hasta que - ¡horror! - detectó el “buen” prelado en la conversación de aquel cura – quince años mayor que él – algo que no cuadraba con sus estereotipos. Y le espeta: “¡Eso no puedes hacer!”. “Pero Señor obispo, - contesta el sacerdote –lo que le hablo es de mi fuero interno, nada público, y obro según mi conciencia”. Y el prelado con cierta indignación le replica: “¡Eso es protestante!”
Este obispo habla en sus homilías con gran convicción; gusta a la gente; y creo que lo hace bien. Pero… se pasa. No respeta la conciencia de los suyos. Y esto es gravísimo. Un exceso de celo y autosuficiencia. ¡Otro gravísimo peligro de los obispos de hoy! Y aquí lo expongo para que alguna persona caritativa lo copie y se lo mande a aquel obispo amigo suyo para que lo pueda leer y no caer en peligros semejantes.
Juventud episcopal. Peligro de un cierto mesianismo. Puede caber cierta inadvertencia de la propia fragilidad sustancial como hombre. Al verse revestido de tantos poderes divinos, no se pase y extralimite. ¡Cuidado queridos obispos de la actualidad: no caigáis en una especie de talibanismo!
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