Parecen ejecutivos de una gran multinacional. Jóvenes, listos (que no doctos) y, sobre todo, neoconservadores, algunos prelados de la nueva hornada retoman el viejo esquema del obispo-señor-feudal, pisotean el principio de la corresponsabilidad y toman decisiones contra el parecer de sus curas y de los derechos de sus fieles.
Tal es el caso (por poner sólo dos ejemplos) de los obispos de San Sebastián y de Solsona. El primero, monseñor Munilla, queda suficientemente retratado en el Acta del consejo presbiteral que publicamos hoy. El segundo, Xabier Novell, ha decidido reducir gastos. Con una medida insólita, al menos hasta ahora, en España: suprimir las misas con menos de doce personas.
¿Por qué doce y no diez, ocho o cinco? ¿Por el simbolismo de los doce apóstoles, quizás? ¿Cuál es el criterio pastoral que se ha seguido para adoptar tal medida? ¿El de los últimos y los pobres serán los primeros? ¿Por qué se prima el número o la cantidad? ¿Es que las aldeas españolas, cada vez más desérticas, ya no merecen ni la atención del cura?
Es verdad que cada vez hay menos curas y los pocos que hay son cada vez más mayores. Pero la solución no consiste en dejar sin misa a los fieles, sean muchos o pocos. Monseñor Novell podría buscar soluciones más imaginativas y más modernas. Como hacen algunos de sus compañeros (desde hace ya tiempo). Por ejemplo, con los equipos pastorales que, al menos, celebran la palabra y reparten la comunión en los pueblos donde el cura no llega todos los domingos.
O que sea realmente valiente y rompedor y proponga en Roma o donde haga falta que ya va siendo hora de que no se prive a los fieles del mayor bien de la eucaristía por la ley eclesiástica del celibato obligatorio. Curas casados, ya.
Nuevos obispos, pero viejos modelos. Tan viejos que se remontan a antes del Concilio. Vuelven a Trento. Recuperan lo peor del gobierno eclesial, en el que el obispo deja de ser hermano y pastor, para convertirse en amo del rebaño.
Un modelo condenado al fracaso. Y más en esta época de la inmediatez informativa, en la que todo se sabe al instante y en la que la gente (incluidos los curas) ha perdido el miedo reverencial al jerarca. El modelo de Munilla o Novell sólo crea indignación, desilusión, malestar y debilitamiento de la comunión afectiva y efectiva. Y es que ya decía el Papa Celestino en el siglo V: "Ningún obispo impuesto". Y ya dice el saber clerical que "un obispo sin sus curas no es nadie".
José Manuel Vidal (En su blog, el día 22 de julio del 2011)
José María Lorenzo Amelibia
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