Cuando observo mi gran apego hacia…

Algunas veces me parece que voy adelantando en la virtud. Pero muy pronto me doy cuenta de que de eso, nada. Observo mi gran apego a cantidad de cosas: la casa, familia, amigos, calor, comodidad, puesto de trabajo, informática, ciertos postres... Después de tanto tiempo con interés espiritual, apenas he adelantado.
Ya lo has leído muchas veces, como yo también: coinciden San Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Teología de la perfección, todos: No hay más remedio para avanzar en la vida interior con relación a Dios que quitar apegos. Cuando somos conscientes de esto y nos convencemos, nos damos cuenta de la gran dificultad. No hay más remedio que pedirle a Dios fuerza para cada día.
¿Cuáles son mis apegos? Creo que esta es la primera pregunta por la que debemos comenzar. Y ser luego consecuentes.
Y pensar que San Ignacio de Loyola decía que en el tiempo de un avemaría se quedaría con gran paz, si le suprimían la Compañía... Afortunadamente de algunas cosas ya voy prescindiendo, pero ¡cuánto cuesta! Tenemos que trabajar por ser como Job: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó; bendito sea el Señor". Poseer, como si no poseyéramos. Dentro de poco tiempo hemos de dejar todo. Más vale separarse ya afectivamente de todo.
Eso no quiere decir que vamos a ser indiferentes; más bien todo lo contrario. Creo que mi relación con los demás será más afectuoso y generosa si no guardo apegos. El corazón debe estar abierto del todo al cielo, a Dios, a sus hijos, y cerrado a tantas cosas caducas. Vamos a pedirle esto al Señor. El uno por el otro, ya que disfrutamos del mismo ideal.
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