Leía en el P. Arintero (gran místico español del siglo XX) algo que hace pensar. Lo contaba en boca de la venerable Micaela Aguirre. Preguntaba ésta al Señor: ¿Por qué no das estas luces que a mí a tus ministros? (Se veía llena de los dones de Dios y no podía emplearlos como desearía). Y el Señor le respondió: - No me dan entrada. ¡Qué realidad es! No le dan entrada a Dios gran parte de los hombres de Iglesia. Están metidos en funciones trascendentes muchas veces como simples funcionarios. ¡Que a nosotros no nos suceda algo parecido.
Comenzar por lo menos difícil: lectura de libros enjundiosos de espiritualidad. Ir mezclándola más y más en la oración. Acompañar todo con sacrificios pequeños hechos voluntariamente todos los días. Poco a poco este amor a Dios nos irá inundando. Notaremos que vamos mejorando. Irá desapareciendo la rutina. Seremos los enamorados de Dios.
Hace unos meses me decía un sacerdote en ejercicio: "Observo que muchos secularizados viven su sacerdocio con más fervor e intensidad que gran parte de los sacerdotes en activo. No sé por qué será. ¿Tal vez que nosotros nos hemos acostumbrado y somos un poco funcionarios?" Amigo: vamos a orar por la santidad de los sacerdotes: Señor, dadnos sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas. Y nosotros vamos a esforzarnos en ello. Nuestro sacerdote no puede ser estéril.
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