A veces me suele venir un poco como desaliento al permanecer días y días con una sequedad enorme en la oración. Me consuela el saber que Dios impone a las almas castigo por tanto retrasar y titubear en el camino del bien.
O sea por vivir en la práctica dando una vela a Dios y otra al diablo. Caprichos y vida interior. Entretenimientos del mundo y buscar consuelos del cielo. Esta incompatibilidad es evidente. Son pruebas que Dios nos pone para darnos a entender que no vale vivir así. Una vez entregados de verdad, Él no se deja vencer en generosidad.
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