No debemos avergonzarnos de hablar con seriedad de aquello que el Señor ha creado para la transmisión de la vida. Lo haremos con respeto, con sencillez, pero sin apuro. Cada padre lo realizarán con su propio estilo, con palabras corrientes, pero evitará las groseras. No es exacto que a los niños han de instruir los padres y a las niñas las madres. Opinamos que pueden hacer cuando el muchacho el muchacho pregunta o en otras circunstancias.
El instinto en las personas no es como en los animales; será parecido en el aspecto fisiológico, pero no la sexualidad total. En las personas el instinto está siempre regido por el amor; el amor que dura toda la vida y no se reduce al momento de la procreación. Por eso al comentar estos temas, convendrá más tomar las comparaciones de las flores y plantas que de los animales.
Siempre hay que decir la verdad a los niños cuando preguntan, mas no siempre toda la verdad. Todo depende de la edad que tenga el hijo y de su madurez.
- ¿De dónde vienen los niños?, decía un pequeño a su mamá.
- Mira, antes de que nacieras, yo te llevaba aquí, bajo mi corazón, durante nueve meses.
- ¿Y quién me metió allí?
- Papá, dándome un abrazo muy fuerte, con mucho amor.
Con esta explicación verdadera quedó satisfecha una niña de cuatro años, y ya no se interesó más hasta los nueve, en que deseó conocer el modo concreto cómo el padre intervino en su fecundación. A esa edad, cuando el niño le preguntó, la madre le explicó todo. Hizo mucho hincapié en el amor, en la alegría, en las semillas que depositó en la puerta por donde ella misma salió al mundo. No hizo falta explicar otros fenómenos de la unión sexual; más adelante se haría en clima de confianza y sencillez.
La exposición ha de ser gradual; y más vale adelantarse unos meses que llegar con unos días de retraso. Conviene informar en casa de estos detalles en particular, acomodándonos a la edad de cada niño.
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