Director de la Fundación de Religiosos para la Salud Javier Poveda: "Ahora es el momento de demostrar si realmente España es un país comprometido y solidario"

(Jesús Bastante).- "Sería triste que los que no participaron en la fiesta que ha habido en España ahora tengan que participar en pagarla", sostiene Javier Poveda, director de la Fundación de Religiosos para la Salud (Frs), que aglutina el trabajo que muchas congregaciones españolas realizan por la salud y el desarrollo en todo el mundo. En un mundo que sufre, y que con la crisis corre el riesgo de mirarse demasiado al ombligo y olvidar a sus hermanos de África, Asia o Iberoamérica, Poveda afirma que "con la crisis vamos a comprobar si realmente tenemos conciencia, o si la ayuda a cooperación de España era sólo un capricho de nuevo rico".

-¿De dónde sale la Fundación?
-Es una fundación nueva, fue creada en el año 2008. En España la vida religiosa dedicada a la educación y a la salud tenía dos organizaciones. La de enseñanza se mantiene: FERE-CECA, y la de salud, que era la FERS (Federación Española de Religiosos Sanitarios) inició un proceso de extinción, incorporando el área socio-sanitaria en CONFER. Los proyectos de cooperación decidieron crear una fundación civil que estuviera bajo el amparo de una fundación de religiosos. Ese amparo se lo pidieron a FERE-CECA, de tal manera que la fundación es una fundación civil autónoma, en la cual FERE-CECA nombra patronos. El objetivo también es intentar que, además de los proyectos de desarrollo, en un momento dado puedan llegar a coordinarse proyectos educativos y socio-sanitarios. Porque la realidad de las congregaciones en los países de cooperación es que abarcan los dos ámbitos a la vez.

-¿Sanidad y educación van siempre de la mano?
-Claro. Son los sectores sociales básicos, incluso definidos por la ley de cooperación. Son los dos focos de atención.

-¿Quiénes formáis parte de la Fundación?
-En el momento de creación, en el momento de extinción de la asamblea de la FERS, nombró el primer patronato. Son congregaciones religiosas que están dedicadas al ámbito sanitario. Hermanos de San Juan de Dios, Camilos, Hospitalarios, Carmelitas, Hijas de la Caridad... Lo importante es que no están cada uno representando una parte como si fueran accionistas, la fundación es multicongregacional. Y el patronato, lejos de ser una condición de poder, es una condición de servicio. Su misión es que la Fundación se mantenga fiel a lo que quiso cuando se constituyó.

-¿Y qué hacéis, aquí y en el extranjero?
-Aquí, trabajar para los que están fuera.

-¿Ayudar a los que ayudan?
-Claro. No es el objetivo que la Fundación crezca en Madrid. No tiene que crecer ni que decrecer, lo que tiene es que ser palanca y motor para reforzar la presencia de los religiosos españoles en el ámbito sanitario allá donde estén.

-¿Y dónde estáis?
-Históricamente asumimos proyectos de la FERS, que tenía mucha presencia en Guinea Ecuatorial, también de enseñanza, desde hacía muchos años. Es un proyecto impresionante que abarca toda la red de atención primaria del país, salvo dos zonas en las que no estamos. Todos los puestos y centros de salud están coordinados desde la Fundación. Estamos también trabajando en proyectos en Filipinas, con Siervas de María. Con ellas estamos haciendo un proyecto integral increíble con aspectos de seguridad alimentaria en huertos familiares, formación de agentes sanitarios, canalización de agua potable... es un macro proyecto. Después, también tenemos en Senegal, en Dakar, un proyecto muy emotivo con las franciscanas: un centro donde niños huérfanos de madre son recogidos y entran en procesos de adopción internacional. Es como una casa-cuna, donde ahora mismo hay 98 bebés. Son niños que son abandonados y que, si no hubiera una red que los recogiera, no sabemos cuál sería su triste final.
En América estamos trabajando ahora mismo en Paraguay, con el tema de la salud de la mujer y la prevención del cáncer de cuello de cervis. En España tardó mucho en conseguirse que las mujeres se acostumbraran a ir al médico a hacerse revisiones, y en estos países estamos ahora en ese proceso de incorporar a la mujer en su propio cuidado. En Bolivia tenemos también un proyecto de atención integral a niñas y madres solteras que reciben maltrato por parte de la pareja o de la familia. Es la manera de salvarlas a ellas y al hijo que traen que estamos haciendo con los misioneros vicencianos. Trabajamos con diferentes ramas parroquiales, con lo cual esto es de todos, de toda la vida religiosa. La única limitación es que no tenemos fondos propios. Nosotros lo que gestionamos es que estas congregaciones puedan tener acceso a los fondos de ayuda a la cooperación y el desarrollo.

-¿Es menos complicado acceder a esos fondos formando parte de la Fundación?
-Sí, fundamentalmente porque nosotros, como fundación, no sólo conseguimos todos los requisitos (auditoría de cuentas, régimen de transparencia, etc), sino que además tenemos una gran ventaja: como organización podemos acceder al top de los tipos de financiación, que son los convenios de cooperación. Porque la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional) clasifica las ONG en "calificadas" (la nuestra, por ejemplo, lo es en salud), y eso nos permite acceder al modelo de financiación más alto, tanto a largo plazo (5 años), como en volúmenes de dinero. Eso no lo pueden conseguir muchas congregaciones pequeñas. Por tanto, esto es un modo de que los buenos proyectos accedan a la buena financiación.

-¿Además de por la efectividad del proyecto, es interesante en tanto que tiende a un modelo de intercongregacionalidad que fomenta la unidad?
-Claro. Yo he tenido la suerte de visitar algunos países, y cuando pisas terreno, el tema intercongregacional que aquí se reflexiona tanto y sirve para el debate, allí es la propia vida. En muchos sitios una única comunidad religiosa no puede sobrevivir. Se hospedan en la casa de otros, hacen proyectos juntos, intercambian enfermeros... Todo eso lo demanda la propia realidad. No todas las congregaciones pueden llegar a todo. De hecho, hay grandes modelos de relación intercongregacional, como las escuelas de Fe y Alegría, que son animadas por cada congregación. Nosotros igual: como fundación, aparecemos en lo exclusivamente necesario de formulación y ayuda, pero lo importante es el trabajo. No queremos abrir sedes en los países, sino apoyar a los que están ahí, que son los que conocen la realidad y los que la gente conoce. Y sobre todo, los que se están dejando la piel. Ésta es nuestra misión.

-En este momento de crisis y recortes, una de las cosas que parece que se va a recortar es precisamente la cooperación internacional. ¿Cómo se ve el horizonte?
-Bueno, el recorte va a ser generalizado. Evidentemente, hay una parte de realidad, y es que no puedes dar aquello que no tienes. Entonces, si como país nos estamos endeudando, hay parte de la sociedad que puede criticar la ayuda. Yo creo que hay que hacer una segunda reflexión, y es que sería un poco triste que aquellos que no participaron en la fiesta que ha habido aquí ahora tengan que participar en pagar la fiesta. Es que ni siquiera sabían que había fiesta. Precisamente en los tiempos en que las cosas vienen mal dadas es cuando los compromisos se prueban. Si realmente España dice que es un país comprometido y solidario, ahora es el momento de prueba, de comprobar si todo era un capricho de nuevo rico, o si realmente tenemos una conciencia de que por justicia tenemos que entrar a ayudar.
Otra cosa es que se revise cómo se trabaja en cooperación. En eso estoy de acuerdo. Pero no precisamente el trabajo de las ONG, que en realidad gestionan la menor parte de la cooperación. El núcleo duro es gestionado en organismos internacionales, en bancos multilaterales de desarrollo, en fondos de naciones unidas... Yo creo que, si ponemos a las personas en el centro de lo que se haga, las ONG seguirán dando respuesta. Porque al final, ni los gobiernos ni los estados son capaces de poner rostro a la cooperación, y sin embargo ése es el gran valor que aportan las entidades no lucrativas.
Sabemos que van a ser años duros. El propio ministro reconocía en el acto de presentación que quizás haya un proceso de concentración (es decir, que vamos a cooperar con menos países). Pero nosotros estamos tranquilos, porque la presencia de las congregaciones no está a la sombra de la subvención. Si hay subvención podremos llegar a más y hacer mejores cosas, pero no vamos a dejar de estar ni de comprometernos por el hecho de que haya más o menos subvención. Y esto nos da un matiz muy importante como organización, con un grado de independencia y autonomía, como en general todas las instituciones de la Iglesia. El compromiso viene de fondo, no a la sombra de un BOE que diga que hay una convocatoria de no sé cuántos millones.

-¿De verdad estas instituciones trabajan con plena libertad, por ejemplo en el ámbito de la salud reproductiva?
-En caso de conflicto sobre la doctrina de la Iglesia, las instituciones se han dotado, de manera sabia, de comités de bioética. Los pasos que se dan no son decisiones alegres, sino que, conociendo los principios de la doctrina, se ve cómo poderlos aterrizar en determinados casos concretos. En esos campos las instituciones están abiertas a la reflexión y al diálogo. La doctrina da una idea general que luego hay que llevar sobre el terreno. Lo ha dicho el mismo Papa Benedicto XVI, porque son temas muy candentes, que afectan a personas con nombre y apellido. La apuesta por una reflexión ética y moral es un llamado que nos hace la propia Iglesia a mantenernos en esa tensión.

-¿Cuál ha sido la reacción de la jerarquía ante vuestro "agrupamiento" como Fundación?
-Total apoyo y respeto. Todo el proyecto de extinción de la FERS fue comunicada a la Sagrada Congregación de Religiosos, todo el proceso ha sido transparente. A la Conferencia Episcopal se la ha invitado también al Consejo Pastoral de la Salud. Es una relación buena, nuestros obispos reconocen la entrega y el trabajo de los religiosos en el mundo sanitario en estos países. También influye el hecho de que en España la sanidad pública se haya ido reforzando, mientras que en otros países, si no estuvieran los religiosos sanitarios, no iría nadie a sanar.
Nuestra presidenta decía el otro día que los religiosos sanitarios siguen cumpliendo el mandato de Jesús de ir y sanar. Eso en el primer mundo queda un poco velado, pero cuando vas a un poblado o a una comunidad local y ves que quienes están formando a la partera para que las mujeres puedan dar a luz (o vacunando, o atendiendo a los enfermos de SIDA...) son religiosos, es palpable y evidente. Como lo son, uno a uno, cada éxito. Cada vez que se consigue que una mujer con SIDA dé a luz a su niño sin transmitirle el virus. Eso es la mayor alegría, por lo que nos sentimos queridos y reconocidos.

-¿Hacia dónde querríais seguir dirigiéndoos en el futuro inmediato de la Fundación?
-El verdadero sueño sería que una Fundación de este tipo no tuviera que existir porque el acceso a los derechos básicos de la salud estuviera garantizado. Ojalá fuéramos capaces de conseguir que toda persona fuera respetada en su dignidad, desde su concepción a su muerte, y que todas sus necesidades de salud (no sólo física, sino también mental y espiritual) estuvieran cubiertas. Que nadie se sintiera tirado en el camino. Por eso el lema de nuestra fundación es "Toda una vida al servicio de la salud": desde que somos concebidos hasta que Dios decide llamarnos a otro sitio.
Como proyectos concretos, tenemos una casa de atención para niñas que estamos preparando en Marruecos. Nuestra intención es abrir el concepto de salud, que evidentemente es la atención primaria, pero que también comprende otras cosas. Por ejemplo, hemos conseguido hacer una reformulación de una política de salud mental en Guinea Ecuatorial. Hay que tener en cuenta que el concepto de salud puede ser tan amplio como la visión de la persona que se quiera tener. Nosotros, en España, entendemos que la salud mental es una dimensión de la persona y una parte de la salud. Pero esto en otros países es una maldición, y el enfermo tiene que estar encadenado a un árbol. Trabajar esos conceptos y ser capaces de acercarlos a las culturas sin imponerlo, es un reto importante. En ese sentido contamos con una gran ventaja, y es que los religiosos que están sobre el terreno conocen a las personas por su nombre y saben lo que ocurre en cada casa.

-¿Sin ellos no sabríamos que sucede?
-Efectivamente. En algunos países actúan como observadores internacionales. Son molestos no sólo porque denuncien situaciones de injusticia o vulneración, sino porque ven y cuentan. Son una presencia esencial, en un sentido más amplio incluso del fin que están cumpliendo. Se convierten en garantes de los derechos de los más débiles. Lo hemos visto clarísimamente en países de América Latina y África. De hecho, hasta hay religiosos que son expulsados del país donde estaban trabajando, simplemente por defender. Por ello socialmente hay un reconocimiento del misionero, tanto religioso como laico. La Iglesia misionera, en sentid amplio, es nuestra punta de lanza. Lo que nadie niega a la Iglesia es que el trabajo que está haciendo en estos países es único, insustituible y permanente.

-¿Esta labor de la Iglesia es otra forma de anunciar el Evangelio?
-Cuando en España surgió el boom de la cooperación, en el año 95, surgieron muchas entidades. Muchas de esas ONG hoy en día no están. En cambio, las instituciones de la Iglesia, que ya existían antes, aún se sostienen. Esto es gracias al convencimiento, que ayuda a que la gente persevere y se implique. Nuestra presidenta Sor Aurelia decía que no solamente se trata de dar, sino de darse. Ése último paso es el que nos diferencia. Si no somos capaces de llegar ahí, estaremos haciendo las cosas a medias.


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Hay religiosos que son expulsados del país donde estaban trabajando
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