En Cristo está nuestra salvación eterna
Jesús: Pauta y Guía Segura / Palabra del Pastor. Semanario de Guadalajara. 20 de mayo.
Estimados lectores:
En el Evangelio de San Juan, Capítulo 14, que hoy leemos, escuchamos las palabras de Cristo, tan compendiosas como profundas e importantes, que dicen: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie puede ir al Padre si no es por Mí”. En esta afirmación del Señor está todo lo que se cree y puede esperarse de Él: Cristo es Camino porque se ha hecho hombre, porque podemos imitarlo y seguirlo, porque se ha hecho a la medida nuestra para poder asociarnos y llevarnos consigo.
Que Cristo sea Camino, significa, asimismo, que la vida del hombre, querámoslo o no, es un peregrinar; que no tendremos aquí, como dice la Escritura, residencia permanente, sino que forzosamente iremos de paso y que el tiempo no se detendrá; que ese tránsito empezó cuando nacimos y se terminará cuando Dios nos llame a la hora de la muerte.
Por otra parte, esta afirmación de Cristo significa también que no existen otros caminos para alcanzar la meta de la vida eterna, sino únicamente aquél señalado por el Señor al decir: “Yo soy el Camino”.
En la Escritura hay otras expresiones parecidas que nos hacen entender mejor este señalamiento divino; por ejemplo, San Pedro afirma: “No tenemos otro nombre qué invocar si no es el nombre de Jesús para ser santos”.
En la Revelación del Nuevo Testamento se muestra que el Sumo Pontífice, aquél que puede tender un puente o camino entre el Cielo y la Tierra solamente es Cristo; único intercesor y mediador nuestro ante el Padre.
Ahora bien, podrán preguntarse ustedes: ¿Qué sucede con quienes no conocen este Camino, y que son mayoría en el mundo actual?; ¿forzosamente se pierden?; ¿no llegarán a la meta?
Todos sabemos que Cristo nació y murió por la Humanidad entera, como dijo el Bautista: “Él es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”; o como lo afirmó el mismo Señor al instituir la Eucaristía, que nos recuerda su Muerte: “Éste es mi Cuerpo, que será entregado por todos ustedes; ésta es mi Sangre, que se derramará por todo el mundo, para la salvación de todos”.
Por lo tanto, según lo enseña la Teología, los que se salvan fuera de la Iglesia Católica, fuera de la fe de Cristo Nuestro Señor, se salvan también por la Gracia de Cristo, que de alguna manera les llega, misteriosamente, cuando inculpablemente están fuera de la fe, ya sea porque así nacieron, así crecieron, o porque no tuvieron la oportunidad de que se les propusiera de manera conveniente; pero podrán salvarse si guardan el orden natural, si en cuanto entienden el bien lo practican, si son fundamentalmente y a su medida, honrados; ellos también se salvarán por la gracia y méritos de Nuestro Señor Jesucristo .
Pero, además de Camino, Cristo afirmó ser Verdad y Vida, que es una afirmación implícita de su propia divinidad, porque ser Verdad y Vida son atributos de Dios, quien es Verdad, Vida, Poder y Sabiduría eternas. Y siendo Cristo Nuestro Señor Hijo de Dios, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es, pues, además, Camino, Verdad y Vida.
Por eso es tan importante caminar por esta vía, que es Cristo, lo cual significa conocerlo, seguirlo, imitarlo, amarlo y servirlo; esa es la única forma que existe para poder alcanzar la meta de nuestra salvación eterna.
Dios los bendiga
Estimados lectores:
En el Evangelio de San Juan, Capítulo 14, que hoy leemos, escuchamos las palabras de Cristo, tan compendiosas como profundas e importantes, que dicen: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie puede ir al Padre si no es por Mí”. En esta afirmación del Señor está todo lo que se cree y puede esperarse de Él: Cristo es Camino porque se ha hecho hombre, porque podemos imitarlo y seguirlo, porque se ha hecho a la medida nuestra para poder asociarnos y llevarnos consigo.
Que Cristo sea Camino, significa, asimismo, que la vida del hombre, querámoslo o no, es un peregrinar; que no tendremos aquí, como dice la Escritura, residencia permanente, sino que forzosamente iremos de paso y que el tiempo no se detendrá; que ese tránsito empezó cuando nacimos y se terminará cuando Dios nos llame a la hora de la muerte.
Por otra parte, esta afirmación de Cristo significa también que no existen otros caminos para alcanzar la meta de la vida eterna, sino únicamente aquél señalado por el Señor al decir: “Yo soy el Camino”.
En la Escritura hay otras expresiones parecidas que nos hacen entender mejor este señalamiento divino; por ejemplo, San Pedro afirma: “No tenemos otro nombre qué invocar si no es el nombre de Jesús para ser santos”.
En la Revelación del Nuevo Testamento se muestra que el Sumo Pontífice, aquél que puede tender un puente o camino entre el Cielo y la Tierra solamente es Cristo; único intercesor y mediador nuestro ante el Padre.
Ahora bien, podrán preguntarse ustedes: ¿Qué sucede con quienes no conocen este Camino, y que son mayoría en el mundo actual?; ¿forzosamente se pierden?; ¿no llegarán a la meta?
Todos sabemos que Cristo nació y murió por la Humanidad entera, como dijo el Bautista: “Él es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”; o como lo afirmó el mismo Señor al instituir la Eucaristía, que nos recuerda su Muerte: “Éste es mi Cuerpo, que será entregado por todos ustedes; ésta es mi Sangre, que se derramará por todo el mundo, para la salvación de todos”.
Por lo tanto, según lo enseña la Teología, los que se salvan fuera de la Iglesia Católica, fuera de la fe de Cristo Nuestro Señor, se salvan también por la Gracia de Cristo, que de alguna manera les llega, misteriosamente, cuando inculpablemente están fuera de la fe, ya sea porque así nacieron, así crecieron, o porque no tuvieron la oportunidad de que se les propusiera de manera conveniente; pero podrán salvarse si guardan el orden natural, si en cuanto entienden el bien lo practican, si son fundamentalmente y a su medida, honrados; ellos también se salvarán por la gracia y méritos de Nuestro Señor Jesucristo .
Pero, además de Camino, Cristo afirmó ser Verdad y Vida, que es una afirmación implícita de su propia divinidad, porque ser Verdad y Vida son atributos de Dios, quien es Verdad, Vida, Poder y Sabiduría eternas. Y siendo Cristo Nuestro Señor Hijo de Dios, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es, pues, además, Camino, Verdad y Vida.
Por eso es tan importante caminar por esta vía, que es Cristo, lo cual significa conocerlo, seguirlo, imitarlo, amarlo y servirlo; esa es la única forma que existe para poder alcanzar la meta de nuestra salvación eterna.
Dios los bendiga