Enroques arquidiocesanos




Guillermo Gazanini Espinoza / Primeros movimientos que vaticinan los variados cambios en el arzobispado de Mons. Aguiar Retes. El que destaca, la primera remoción de un auxiliar, Mons. Crispín Ojeda Márquez, para suceder a Mons. Óscar Armando Campos Contreras, actual obispo de Ciudad Guzmán, en la istmeña diócesis de Tehuantepec, vacante desde septiembre de 2017, cuando fue trasladado a Ciudad Guzmán, Jalisco.

La tarde del jueves, un comunicado anunciaba otros movimientos al nivel del gobierno arquidiocesano. El cambio de Mons. Enrique Glennie Graue (1947) como rector de Basílica de Guadalupe al cargo de vicario general y moderador de la curia. Aguiar Retes dio las gracias a Mons. Guillermo Moreno Bravo (1948), desde 1997, colaborador y, en la práctica, poderoso secretario de gobierno durante el episcopado de Norberto Rivera Carrera. Una imagen de bajo perfil destacó a la oficina de Moreno Bravo por donde pasaron los asuntos más delicados del arzobispado, no sólo a nivel administrativo, también de los asuntos económicos. Prácticamente, de acuerdo al comunicado, Aguiar le da las gracias por “el extraordinario trabajo” realizado con suma eficacia y responsabilidad. Quizá, hasta atender su retiro, Mons. Moreno será asignado a una parroquia que le dé cierta tranquilidad para mantener su salud y ministerio.

Carlos Aguiar lo conservó desde su asunción al arzobispado en febrero, sin embargo era previsible que su remoción sería al corto plazo en el proceso de reconfiguración de la burocracia arquidiocesana. Su sucesor, Mons. Glennie Graue, sacerdote desde 1972, ex rector del Seminario Conciliar de México y exvicario episcopal de la VI Vicaría, ha tenido una amplísima experiencia en distintas pastorales de la Arquidiócesis de México lo que le hace un conocedor de primera mano de esta realidad sin haber ascendido el siguiente peldaño que sería consecuente y evidente: el episcopado. Desde 2011 era rector del principal santuario mariano de México, sucediendo al polémico Diego Monroy quien es actualmente canónigo de ese cabildo. Por lo mientras, el vicerrector Pedro Tapia Rosete (1948) estará al frente del santuario.

Glennie Graue mantuvo un rígido control de Basílica de Guadalupe y bajo su rectoría habían 11 canónigos que podían demostrar tanto lealtad y docilidad desinteresada como enconos, intrigas y polémicas. Con 30 sacerdotes en su potestad, no sólo era responsable de la atención pastoral de más de 20 millones de peregrinos al año, debía trabar relaciones con el episcopado mexicano y con los más importantes empresarios de México, fervorosos a la Guadalupana. Si bien hubo un impulso de la pastoral, los principales problemas se centraron en el manejo de recursos económicos del santuario y la configuración de una pequeña burocracia en donde estuvieron involucrados personajes con demasiados intereses personales que de verdadero amor a la Guadalupana. Glennie ha reportado incrementos en las ganancias de Basílica y tendencias hacia el crecimiento de la economía. Quiso el control del santuario por encima de todos. Cualquier intento de vulnerar su autoridad, era duramente reprimido. El caso del antiguo capellán del Templo Expiatorio de Cristo Rey, Antigua Basílica de Guadalupe, Adrián Huerta Mora, hoy párroco en una colonia de Iztapalapa en la VII Vicaría que pretende ser separada de la Arquidiócesis, fue significativo al punto de que, aprovechando la coyuntura en la asunción de Aguiar Retes, hizo una maniobra para quitarse de encima a un cura que desafió al poder del flamante vicario general y moderador de la curia.

Quiso consolidar sin cuestionamientos buscando el favor del Primado de México; de acuerdo con su nombramiento, Glennie debería permanecer dos años más (18 de diciembre 2020) en el cargo, sin embargo, Carlos Aguiar lo mueve a una posición que podría ser muy estratégica en la nueva reconfiguración o el adelgazamiento de la curia arquidiocesana teniendo en cuenta sus antecedentes, experiencia y cartas con esta amplia trayectoria o sería, como todo podría apuntar, para mantenerlo en un cargo bajo control y vigilancia más absoluta, sin el manejo de recursos económicos, para reportarse directamente al arzobispo primado de México. En pocas palabras, Glennie pasaría de patrón a consejero peón.

El Cango. Pedro Tapia Rosete, como rector interino, entregará la Basílica a alguien que se prevé sea del mismo Cabildo a menos que Aguiar Retes tenga un alfil negro de todas sus confianzas. Del Cabildo de Guadalupe, apuntan dos posibles sucesores con amplias posibilidades. Mons. Eduardo Chávez Sánchez (1956). Apenas con 61 años, el Canónigo teólogo de Guadalupe, desde 2005, tuvo una proyección extraordinaria durante el arzobispado de Norberto Rivera Carrera principalmente por haber sido pieza fundamental en la canonización de san Juan Diego. Ha tenido bajo su responsabilidad diversos cargos de asesoría a nivel continental y pertenecer a diferentes academias de historia y arte. Impulsor de los estudios guadalupanos, consolidó un instituto especializado en el hecho mariano del siglo XVI, referente nacional e internacional, además de ser el autor que dio certeza sobre la fecha de fundación del Seminario Conciliar de México, gracias a sus profundas investigaciones en archivos mexicanos y europeos. En los pasillos basilicales corría el rumor de que Chávez Sánchez era el delfín de Glennie una vez que le llegara el inminente retiro. Esa sería el inconveniente, una pretendida ambición y demasiado contrapeso a Carlos Aguiar.

Más discreto, pero no menos brillante y más aceptado es el Cango. Gustavo Watson Marrón (1963). Su juventud es garantía de un periodo más amplio para echar a la práctica lo que ha venido haciendo en la Arquidiócesis al poner orden y sistematizar la memoria histórica. Con un doctorado en historia, es de los pocos especialistas en México con estudios sobre los templos que albergaron la sagrada imagen de Guadalupe. Una obra monumental es testigo de lo anterior: “El templo que unió a Nueva España. Historia del Santuario y Colegiata de Guadalupe extramuros de México en el siglo XVIII”, (2012). El gran mérito de Watson es haber organizado los archivos históricos del arzobispado y de Basílica y la ventaja sobre Chávez es su discreción, no exponer sus posibles y naturales ambiciones, le hace digno de la confianza de Aguiar Retes para dirigir al principal santuario del país para consolidar el proceso y papel de la Basílica ante el episcopado y en el nuevo ordenamiento funcional y económico que quiere el cardenal arzobispo con este colaborador incluso al punto de una posible promoción a la plenitud del sacerdocio.

Mons. Crispín Ojeda a la diócesis de Tehuantepec

El movimiento más importante es el del auxiliar Crispín Ojeda Márquez (Colima, 1952). Sacerdote desde 1979 fue elevado a la dignidad episcopal en 2011 como auxiliar de México. Hoy es el X Obispo de Tehuantepec. Ahora se va a un territorio difícil, complejo, en el sureste mexicano afectado por los sismos de septiembre de 2017, pero siempre enfocado en las pretensiones políticas que quisieron detonar la región como polo de desarrollo desde tiempos conflictivos cuando las potencias extranjeras pusieron sus ojos para partir el istmo desde el Pacífico al Golfo. Esto se realizó en 1914 con el canal de Panamá.

Tierra de la opción preferencial por los pobres. De ella surgen pastores como José Mora del Río, su primer obispo, prelado que, posteriormente, fue Arzobispo de México, opositor a las leyes anticlericales del siglo XX y quien sufrió la persecución al nivel del destierro.

De obispos muy comprometidos y leales, pastores con gran cercanía a los pobres como Mons. Arturo Lona Reyes, obispo emérito, ganador de premios nacionales por su defensa de los derechos humanos, amenazado y perseguido al punto de poner en riesgo su vida al sufrir varios atentados sin consecuencias fatales.

Ahora el X Obispo es movido desde una realidad más cómoda y pudiente. No será una misión fácil y él debe ponerse en un lugar que requiere de un pastor de gran calidad y altura. Acostumbrado a vivir a la sombra de un gobierno, él ahora deberá pastorear y no enseñorear para abrirse a una realidad con recia tradición de lucha y dolor. No hay riqueza material, pero sí abundancia de dones que son inestimables, enraizados en el pueblo siempre manipulado al que se le ha prometido hasta lo irrealizable: Desde un Canal, pasando por Zonas Económicas Exclusivas y ser ahora tierra prometida del potencial desarrollo del gobierno de la cuarta transformación. Mons. Crispín, desde ahora, debe asumir una conciencia distinta, y ¿Por qué no? una nueva conversión hacia esta realidad para ser parte de la historia como lo fueron sus egregios antecesores.

La VI Vicaría de esta Iglesia local, la que podría formar la futura y desmembrada Arquidiócesis de México, es la que goza de las finanzas sanas y la que aporta más a la economía arquidiocesana sólo después de Basílica de Guadalupe. Esa vicaría está en el centro de los próximos planes y ambiciones del cardenal Aguiar como columna vertebral de una Iglesia fuerte en recursos financieros y pastorales. Ahora, abriéndose paso, da estos enroques en el progresivo tablero del ajedrez arquidiocesano para hacerlo a la imagen y semejanza del arzobispo que juega a ser rey, por lo menos de lo que más se pueda usufructuar.
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