En el corazón sacerdotal...

Conocer el corazón de Jesús
Semanario Koinonía / Arquidiócesis de Puebla. 27 de septiembre.- En el Evangelio de San Juan el Señor dice: “Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí, igual que el Padre me conoce y Yo conozco al Padre” (Jn 10, 14-15). En esta frase hay dos relaciones en apariencia muy diversas, que aquí están entrelazadas: la relación entre Jesús y el Padre, y la relación entre Jesús y los hombres encomendados a Él. Pero ambas relaciones van precisamente juntas porque los hombres pertenecen al Padre y buscan al Creador, a Dios. Cuando se dan cuenta de que quien habla lo hace solamente en su propio nombre y tomando sólo de sí mismo, entonces intuyen que eso es demasiado poco y no puede ser lo que buscan.
Pero donde resuena en una persona otra voz, la voz del Creador, del Padre, se abre la puerta de la relación que el hombre espera. El lugar idóneo donde se hacen concretas estas relaciones es en el corazón sacerdotal. En efecto, ahí se vive la relación con Cristo y, por medio de Él, con el Padre; sólo así el sacerdote puede comprender verdaderamente a los hombres, sólo a la luz de la relación con Dios comprende la profundidad del hombre; entonces quien le escucha se da cuenta de que no habla de él mismo o de algo, sino de Dios que vive en su interior. “Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí, igual que el Padre me conoce y Yo conozco al Padre” se refiere también a toda la tarea pastoral práctica de acompañar a los hombres, de salir a su encuentro, de estar abiertos a sus necesidades y a sus interrogantes. Desde luego, es fundamental el conocimiento práctico, concreto, de las personas que al sacerdote le han sido encomendadas y conviven cotidianamente con él, y ciertamente es importante entender que no existe un verdadero conocimiento sin amor, sin una relación interior, sin una profunda aceptación del otro.
El sacerdote no puede contentarse con saber los nombres y las fechas. Su conocimiento debe ser siempre también un conocimiento de las ovejas con el corazón. Pero a esto sólo puede llegar si ha dejado que el Señor abra su corazón, si su conocimiento no vincula las personas a su pequeño yo privado, a su pequeño corazón, sino que, por el contrario, les hace sentir el corazón de Jesús, el corazón del Señor. Debe ser un conocimiento con el corazón de Jesús, un conocimiento orientado a Él, que la guía hacia Jesús, haciéndolo libre y abierto. Así el sacerdote será cercano a los hombres, sus hermanos. Este es el modo de conocer con el corazón de Jesús: no vincular las personas a sí mismo sino al corazón de Jesús, y de crear así una verdadera comunidad, una verdadera amistad.