dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, I Lunes de Cuaresma

I Lunes de Cuaresma
I Lunes de Cuaresma

En la medida que das, recibes

I Lunes de Cuaresma

(Levítico 19,1-2; Salmo 18; Mateo 25,31-46) 

Texto evangélico 

“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,34-40). 

Tiempo de hacer el bien

El Evangelio revela hasta qué extremo Dios se siente amado en la entrega que hacemos de nosotros mismos a los demás. La dignidad de la persona se funda en que es imagen de Dios, y lo que hagamos al prójimo, a Él se lo hacemos. Demasiadas veces nuestra mirada se queda recortada y sin trascendencia: así se cumple lo que dice la Biblia: “El Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón»” (1Sam 16,7). 

Jesús pasó haciendo el bien 

Siempre me ha sorprendido que en el mismo Evangelio en el que se proclaman las Bienaventuranzas, se enumeren las obras de misericordia. Y me pregunto sobre la compatibilidad de “Bienaventurados los que tienen hambre” con “Venid, benditos de mi Padre porque tuve hambre y mes distéis de comer”. Y descubro que es en Jesucristo donde se resuelve la aparente contradicción, porque Él, el Bendito, pasó hambre y se hizo pan para saciar nuestra necesidad. Así lo predica el apóstol Pedro: “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Act 10,38). 

Propuesta 

“Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros” (Lc 6,35-38).

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