Nunca conocí personalmente al sacerdote y escritor Martín Vigil aunque teníamos amigos en común. Siendo, entonces, Los curas comunistas, La vida sale al encuentro que excitaron en mí el deseo ardiente de luchar por la justicia social y por un mundo mejor. Tal vez con la manera que escogió de difundir sus ideas llegó a más gente que hubiera llegado predicando desde un púlpito. Evidentemente, hubiera podido hacer las dos cosas. Un amigo me dijo comentando su vida y su muerte: “Si Dios existe habrá sido más comprensivo con él que muchos hombres”. Yo añadí: “Dios existe y sin duda ninguna que será más comprensivo con nosotros que nosotros mismos”.