Cristina Bergoglio, la sobrina pintora del Papa, le define como “un sanador de miradas” Alejandro Roemmers, huésped de honor de la Universidad Pontificia de Salamanca

(José Manuel Vidal).- El aula magna de la Universidad Pontificia de Salamanca rezuma belleza e historia de siglos. Los grandes popes de la cultura salmantina miran desde el techo, presididos por Santo Tomás de Aquino y, desde la presidencia observa un cuadro de una de las sesiones del Concilio de Trento. Un bello marco para proclamar oficialmente huésped de honor al empresario y poeta Alejandro Roemmers.


Llena de de profesores, alumnos y público, la emblemática sala de la UPSA resplandece todavía más en un acto emotivo, presidido por el rector, Ángel Galindo, que abre la concesión del título de huésped "como signo de apoyo de la Universidad a la salud y a la belleza", dos cualidades que encarna Alejandro Roemmers.


Un empresario farmacéutico y un poeta, cuya obra "está cargada de belleza ética". De ahí que la Upsa le conceda este galardón de huésped de honor, "porque la sociedad necesita contemplativos de lo bello" y porque quiere unir "ciencia, verdad, belleza y técnica desde la perspectiva del humanismo cristiano", explica Galindo.


Tras las palabras de presentación del rector, la semblanza del homenajeado por parte del profesor José Ramos, como un personaje "reconocido en el mundo de la empresa y de la literatura". Con una brillante carrera empresarial y con una obra literaria muy valorada, en la que destacan sobre todo "La mirada impar" y "El regreso del joven príncipe", traducida a más de 20 idiomas.


Y es que, según el profesor Ramos, "la obra de Roemmers toca la esencia más profunda del corazón humano, critica la corrupción y deja sentado que no podemos cambiar el mundo, si no cambiamos nosotros mismos".


El secretario de la Upsa, Miguel Ángel Hernández lee el acta número 295 de concesión de la distinción de Huésped de Honor de la Pontificia, que la junta de Gobierno le concedió por unanimidad a Alejandro Roemmers, y el rector le entrega el diploma conmemorativo.


A continuación, sube al estrado Cristina Bergoglio, la sobrina pintora del Papa Francisco, que define al poeta-huésped de la Ponti como "un sanador de miradas, que invita a pasar de la mirada par y miope a la mirada impar, es decir a ver desde la esencia y desde el espíritu".


A su juicio, Roemmers es, además, un "un hombre flecha, porque señala hacia el interior de nuestro espíritu y porque tiene el don de convertir en poesía todo lo que toca".

Tras la entrega de la banda y de la placa conmemorativa, intervino el homenajeado, para dar gracias al rector y a la Upsa por este "honor que se me concede" y para explicar que, a su juicio, "todos somos maestros de todos". Aunque, quizás "los poetas seamos facilitadores, porque tenemos una mirada cercana a la del místico".


Roemmers se comprometió a afianzar el puente que la Upsa tiene tendido con Argentina, su país, porque se siente hermanado con la universidad. "Como apóstol de la luz de Cristo vengo a sumar mi pequeña luz a la hoguera de la Upsa".


Y, engarzando poemas recitados con reflexiones, el poeta fue desgranando su peregrinaje espiritual. Porque "el camino de la luz y de la vida está plagado de oscuridades, cuando dejamos de lado a Dios". A él, en concreto, le salvó la poesía "a la que se aferró como un náufrago a su balsa" y "tres faros".


El primero, la frase del Evangelio 'Si no os hacéis como niños'; el segundo, el libro de 'El Principito', que "le habla a los adultos, para que no pierdan la capacidad de asombro". Y el tercero, el diálogo con una persona, que le hizo ver que el sentido de la vida no hay que entenderlo como una dirección, sino como un sentir y "que la vida es el camino".


De ahí que su receta de la felicidad sea "pasar de la cabeza al corazón, porque la ternura no es la virtud de los débiles, sino de los fuertes, que nos ayuda a despegarnos de nuestras obras y de nuestras ideas". Desde esa ternura, podemos rebosar amor y, "desde el amor y la fe, no hay miedo a nada ni siquiera a la muerte".


Y Roemmers concluyó con una salve a la poesía, un gracias desde el corazón y un deseo: "Haber dejado un rastro de amor en la Universidad Pontificia".


Tras la cariñosa y sentida ovación que acompañó el final del discurso del premiado, intervino de nuevo el rector, Ángel Galindo, para subrayar los dos aspectos en los que se basa el premio de huésped de honor: "la belleza del arte y de la literatura y la defensa de la vida a través de la industria farmacéutica". En la secular tradición de la Upsa del "bonum, verum et pulchrum".


Y el rector concluyó así: "Damos la bienvenida a esta Universidad a nuestro huésped. Esta es su casa". Una nueva ovación inundó el aula magna, mientras el coro entonaba el 'Gaudeamus igitur".

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