En pocos días (probablemente, entre el miércoles y el jueves),
Cajasur decidirá su inmediato futuro, bien como caja autónoma, bien dentro de la fusión o "reconfiguración" en el proceso ya iniciado con
Unicaja y Caja de Jaén. La situación resulta muy complicada de explicar, más para quien, como el que esto escribe, no es economista. Pero el hecho en sí es más bien simple:
Cajasur debe decidir, en la medida en la que tanto la Junta de Andalucía (principal valedora de la erección de una gran caja andaluza), el Gobierno nacional y el Banco de España le dejen, hacia dónde quiere caminar. Y, como anunciamos,
va a vender cara su libertad. Porque Cajasur debe intentar seguir siendo libre. No ya por ser una caja de la Iglesia, que ése sería otro debate, sino porque se trata de una de las pocas entidades bancarias en la que la
Obra Social supone un puntal imprescindible. Más allá de las cuentas de resultados, Cajasur ha demostrado, durante mucho tiempo, la importancia de su
función social y caritativa. Y eso es algo que no se debe perder, pese a la crisis. Más aún: precisamente por esta razón, potenciarla todavía más si cabe. Más allá de fusiones o absorciones, o de la propiedad misma de la Iglesia, el auténtico problema para miles de ciudadanos e instituciones está en
salvaguardar la ingente labor solidaria y cultural de la institución cordobesa. En breve veremos si Cajasur consigue seguir siendo libre. Nos consta que ése es el intento, tanto desde la
Santa Sede como desde la propia Cajasur, con el auspicio de
monseñor Asenjo (y el trabajo, callado pero efectivo, como siempre, del
cardenal Amigo).
baronrampante@hotmail.es