El "desafío" de los obispos vascos o el futuro de la Iglesia en España

"No es justificable, ni aceptable por más tiempo, el silencio que en los medios oficiales de nuestra Iglesia ha envuelto la muerte de estos sacerdotes". Las palabras, pronunciadas por el obispo de Vitoria en su homilía de este mediodía, fueron mucho más allá que una petición de perdón ante la actitud de la jerarquía eclesiástica en tiempos pasados. Mucho más allá, la convocatoria de este acto por los curas asesinados por las tropas franquistas ha sonado como un aldabonazo en la conciencia de una parte de la Iglesia católica, que en contra del posicionamiento de su líder en España, el cardenal Rouco Varela, continúa, como siete décadas atrás, alineándose con un determinado sector político.

Y es que el gesto de los obispos vascos ha golpeado en la línea de flotación de la Casa de la Iglesia que, comandada por el Rouco y su portavoz, Martínez Camino, pretendían realizar su particular ejercicio de "memoria histórica" preparando y justificando macrobeatificaciones como la llevada a cabo hace dos años en Roma, y en la que únicamente se tenga en cuenta a aquellos católicos asesinados por un determinado bando.

Una idea que no terminaba de convencer en la Santa Sede -el propio Benedicto XVI no quiere que las beatificaciones se celebren en Roma- pero que se aceptaba por el omnímodo poder de Rouco Varela en la Iglesia española. Un poder que, a dos años de su jubilación (que él mismo ha hecho coincidir con visita del Papa a España, y a la que quería sumar la siguiente macrobeatificación de mártires), parece pasar por horas bajas.

La reciente visita del secretario de Estado, cardenal Bertone, a España, para abrir otra línea de acuerdos con el Gobierno aparte de la Conferencia Episcopal, marcó el camino a seguir. La marcha primero del cardenal Cañizares y, hace una semana, del Nuncio Monteiro de Castro, a Roma, permitirá que Benedicto XVI tenga otra perspectiva de lo que sucede en nuestro país, fuera del discurso único abanderado por Rouco.

Una estrategia que se definirá con la llegada del nuevo Nuncio -que, aseguran fuentes vaticanas, vendrá "con mando en plaza"- y con el previsible ascenso para uno de los organizadores del acto de ayer, el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, quien antes de anunciar la celebración recabó el apoyo de la Santa Sede al mismo, sin la anuencia del cardenal de Madrid.

El Papa confía en Blázquez para reestructurar el futuro de la Iglesia española en la etapa post Rouco, y prueba de ello es su nombramiento como comisario en la investigación abierta por la Santa Sede contra los Legionarios de Cristo.

No obstante, la petición de perdón de la Iglesia vasca también suena como el último acto en el que participe el todavía obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, cuya marcha provocará el ansiado cambio en la cúpula jerárquica vasca, para colocar en los puestos clave (bajo el mandato de Blázquez, al menos hasta la jubilación de Rouco) a obispos sin una opción tan marcada políticamente como la de Uriarte, y más acorde con el cambio político producido en Euskadi.

baronrampante@hotmail.es
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