Crisis del Estado de bienestar



Hacia un reparto equitativo del trabajo

El desempleo se ha convertido hoy en en uno de los problemas que más preocupan a la sociedad. Preocupa asimismo la incapacidad de las políticas, económicas y de empleo para avanzar hacia una solución efectiva a corto y medio plazo, con las consecuencias sociales, económicas y políticas que conlleva.

En la actualidad, el paro se ha convertido en un problema político de primer orden como reflejan el aumento de la conflictividad social y de las movilizaciones de colectivos de parados en toda Europa. En este contexto, la búsqueda de políticas alternativas para atajar el paro y la precariedad se plantea muy urgente.

Entre las diferentes propuestas, la reducción de los tiempos de trabajo ocupa un lugar central en el ámbito social. Bajo la consigna de "trabajar menos para trabajar todos", esta antigua reivindicación sindical reaperece ya en la década de los 90, como alternativa para combatir el desempleo.

Y aunque el debate sigue estando polarizado en torno a la organización flexible de los horarios, las modalidades de reducción de jornada o las compensaciones salariales, en los últimos años se ha ido forjando un amplio consenso social en favor de una reducción de la jornada laboral y el reparto del empleo.

Salvo raras excepciones, el debate sobre la reducción del tiempo de trabajo sigue estando básicamente cautivo de una forma de entender la sociedad y la economía muy restrictiva en la que el empleo remunerado y la actividad monetarizada constituyen el referente único de las propuestas.

Es una forma de entender la organización social y económica parcial e inadecuadamente, que subestima cuando no ignora, buena parte de la actividad productiva humana,
del trabajo de hombres y mujeres que no porque se desarrolle fuera del sistema monetarizado o del mercado deja de representar una contribución económica considerable.

Una forma de entender la economía y la sociedad injusta y, por tanto, inaceptable para una propuesta que se presenta, incluso desde sectores institucionales, en un discurso de redistribución, justicia económica y progreso social.

Se defiende, pues, la necesidad de que las propuestas de reducción y distribución del tiempon de trabajo superen el limitado marco de actuación sobre el mercado laboral e incorporen una visión integradora de la economía asumiendo que el volumen total del trabajo invertido en actividades económicas incluya no sólo el trabajo remunerado sino también el no remunerado.

Esta cuestión es de máximo interés porque además de revelar la dimensión oculta de la economía invisible permite reconocer la carga global de trabajo que se realiza en la sociedad y el reparto actual de esa carga.

Sólo entonces y a partir de esta dimensión real podremos hablar de fórmulas que garanticen que la reducción de los tiempos de trabajo conlleve una redistribución efectiva y un reparto más igualitario. Y sólo de este modo podremos superar la visión puramente instrumental y tecnócrata de la reducción de tiempo de trabajo y rescatar el potencial genuinamente emancipador de estas propuestas en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.

Ver: Arantxa Rodriguez,
en Trabajo, derechos sociales y globalización
Talasa Ediciones 2000
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