Ecoteología 14



3. ¿Que es la Dimensión-Tierra en nosotros?

¿Qué significa más allá de nuestra ancestralidad nuestra dimensión Tierra? Significa, en primer lugar, que somos parte y parcela de la Tierra. Vivimos de ella. Somos producto de su actividad evolutiva. Tenemos en el cuerpo, en la sangre, en el corazón, en la mente, y en el espíritu elementos-Tierra.De esta constatación resulta la conciencia de profunda unidad e identificación con la Tierra y con su inmensa diversidad.

No podemos caer en la ilusión racionalista y objetivista de que nos situamos ante la Tierra como delante de un objeto extraño. En el primer momento se impone una relación sin distancia, sin bis-a-bis, sin separación. Somos uno con ella. En un segundo momento, podemos pensar la Tierra. Y entonces, sí, nos distanciamos de ella para poder verla mejor. Ese distanciamiento no rompe nuestro cordón umbilical con ella. Por tanto, este segundo momento no invalida el primero. Tener olvidado nuestra unión con la Tierra fue el equívoco del racionalismo en todas sus formas de expresión. Él generó la ruptura con la Madre.

Dio origen al antropocentrismo, en la ilusión de que, por el hecho de pensar la Tierra, podemos colocarnos sobre ella para dominarla y para disponer de ella con placer suyo incluido. Por sentirnos hijos de la Tierra, por ser la propia Tierra pensante y amante la vemos como Madre. Ella es un principio generativo. Representa a lo femenino que concibe, gesta y da a luz. Emerge así el arquetipo de la Tierra como Grande Madre, Pacha Mama y Nana. De la misma manera que todo genera y entrega la vida, ella también acoge todo y lo retiene en su seno. Al morir volvemos a la Madre Tierra, regresamos a su útero generoso y fecundo.

El Feng-Shui, la filosofía ecológica china, representa un grandioso sentido de la muerte como unión con Tao y con los ritmos de la naturaleza, de donde todos los seres vienen y adonde todos vuelven. Conservar la natturaleza es condición también para que puedan nacer nuevos seres humanos. Sentir que somos Tierra nos hace tener los pies en el suelo. Nos hace percibir todo de la Tierra, su su frío y calor, su fuerza que amenaza tanto como su belleza que encanta. Sentir la lluvia en la piel, la brisa que refresca, el huracan que avasalla. Sentir la respiración, los olores que nos embriagan o nos repelen.

Sentir la Tierra es sentir sus espacios ecológicos, captar el espíritu de cada lugar. Ser Tierra es sentirse habitante de cierta porción de la Tierra. Habitando, nos hacemos en cierto modo prisionero de un lugar, de una geografía, de un tipo de clima, del régimen de lluvias y vientos, de una manera de morar y de trabajar y hacer historia. Ser Tierra es ser concreto. Configura nuestro límite. Pero también significa nuestra base firme, nuestrav plataforma para poder alzar el vuelo por encima de este paisaje rumbo al infinito.

Por fin sentirse Tierra es percibirse dentro de una complejidad dentro de otros hijos e hijas de la Tierra. La Tirra no sólo nos produce a nosotros seres humanos. Produce la miríada de microorganismos que componen el 90% de toda la red de la vida, los insectos que produce la biomasa más importante de la biodiversidad. Produce las aguas, la capa verde con la infinita diversidad de plantas, flores y frutos. Produce la diversidad incontable de seres vivos, animales, pájaros y peces, nuestros compañeros dentro de ua undidad sagrada de la vida porque en todos están presntes los 20 aminoácidos que entran en la composición de la vida.

Para todos produce las condiciones de subsistencia, de evolución y alimentación, en el suelo, en el subsuelo y en el aire. Tierra es sumergirse en la comunidad terrenal, en el mundo de los hermanos 6.000 años antes de nuestra era, cuando era todavía una tierra verde, rica y fértil pasando por toda la cuenca del Mediterráneo, de la India y por la China donde predominaban las divinidades femeninas, la Grande Madre Negra y la Madre-reina. La espiritualidad era una profunda unión cósmica y de una conexión orgánica con todos los elementos como expresión del Todo.

Al lado de una espiritualidad surgió, en segundo lugar, una política: las instituciones matriarcales. La mujeres formaban los ejes organizadores de la sociedad y de la cultura. Surgieron sociedades sagradas, penetradas de reverencia, de enternecimiento y de protección a la vida. Hasta hoy arratramos la memoria de esta experiencia de la Tierra-Madre, en la forma de arquetipos y de una insaciable nostalgia por la integración, inscrita en nuestros propios genes.

Los arquetipos continúan a irradiar en nuestra vida porque rememoran un pasado histórico real que quiere ser rescatado y obtener todavía vigencia en la vida actual. El ser humano precisa rehacer esta experiencia espiritual de fusión orgánica con la Tierra, a fin de recuperar sus raíces y experimentar su propia identidad radical.

Precisa también resucitar la memoria política del feminismo para que la dimensión que anima entre en la elaboración de políticas con más equidad entre los sexos y con mayor necesidad de integración. Esta nueva óptica podrá producir una nueva ética, orientada a la afirmación y el cuidado por todo lo que vive. En el nuevo paradigma emergente la Tierra y los hijos y las hijas de la Tierra serán la gran centralidad del nuevo sueño del siglo XXI.
Ver: L. Boff, Lo esencial del Evangelio
Lo nuevo de la Ecoteología
Ed Nueva Utopía, Madrid 2011
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