Pecado contra la ciencia
Hoy se espera mucho de la revolución genética. La teoría de la evolución de las especies de Darwin ha quedado desfasada. Hasta el punto de poder decir que la especie humana no depende ya de la biología sino de la tecnología.
En su avance y en la apertura del Gobierno español para acceder a ella tienen puesta la esperanza muchas familias con hijos que padecen la enfermedad de Falconi,por poner un ejemplo, que no permite vivir más de 25 años. La única posibilidad de curar esta enfermedad es que los padres conciban un nuevo hijo seleccionando los genes compatibles con los del que la padecen. Hasta hace poco tiempo esto era imposible por las múltiples trabas existentes, legales, morales y de otra índole.
Ahora con la Ley de Reproducción Asistida, que autoriza la selección de embriones para concebir hijos que actúen como donantes de sus propios hermanos se van a solucionar muchos problemas en estas familias. Ya va siendo hora de que sean los científicos los que tengan la última palabra en estos y otros casos semjantes.
La voz de los involucionistas no se hizo esperar diciendo que con esta ley se va a curar a un hermanito, y se van a echar unos cuantos a la papelera. A todos ellos hay que decirles que oponerse a los avances de la ciencia es oponerse al Creador, que no quiere que su obra permanezca bruta e imperfecta, sino que se perfeccione cada vez más.
Con su intransigencia ellos son los responsables del retraso de la ciencia en su desarrollo. Pero el cardenal Nicolas de Cusa ya en el Renacimiento no pensaba así al calificar al científico como "Dios de ocasión", porque él nos desvela los grandes proyectos divinos que se ocultan en la ciencia.
El filósofo Erns Bloch se remonta al mito del paraíso, al que considera enemigo primero de la ciencia y en el que los involucionistas fundamentan su posición. Finalmente el mito ha sido desmitificado y bien interpretado a la luz de la propia ciencia: el verdadero pecado no es querer ser como Dios, ni conocer el bien y el mal, sino permanecer como animales en el paraíso.
Es cierto que la serpiente es postadora de veneno, pero en el báculo de Esculapio es curación y lo fue para los israelitas enfermos de lepra, que se curaban al mirarla sobre lo alto en un palo durante la travesía del desierto (Núm 21, 4-9).
Tambien la liturgia cristiana desde los primeros tiempos se vuelve sobre la gesta del paraíso y la canta agradecida en la noche de pascua:¡Feliz culpa que mereció tal redentor! Esta culpa preparó el camino a Jesucristo, hombre libre que fue puesto en lo alto de la cruz, como la serpiente de Moisés en el desierto. Su delito no fue otro que abrir los ojos al mundo y anunciarle su liberación.
www.porunmundomasjusto
En su avance y en la apertura del Gobierno español para acceder a ella tienen puesta la esperanza muchas familias con hijos que padecen la enfermedad de Falconi,por poner un ejemplo, que no permite vivir más de 25 años. La única posibilidad de curar esta enfermedad es que los padres conciban un nuevo hijo seleccionando los genes compatibles con los del que la padecen. Hasta hace poco tiempo esto era imposible por las múltiples trabas existentes, legales, morales y de otra índole.
Ahora con la Ley de Reproducción Asistida, que autoriza la selección de embriones para concebir hijos que actúen como donantes de sus propios hermanos se van a solucionar muchos problemas en estas familias. Ya va siendo hora de que sean los científicos los que tengan la última palabra en estos y otros casos semjantes.
La voz de los involucionistas no se hizo esperar diciendo que con esta ley se va a curar a un hermanito, y se van a echar unos cuantos a la papelera. A todos ellos hay que decirles que oponerse a los avances de la ciencia es oponerse al Creador, que no quiere que su obra permanezca bruta e imperfecta, sino que se perfeccione cada vez más.
Con su intransigencia ellos son los responsables del retraso de la ciencia en su desarrollo. Pero el cardenal Nicolas de Cusa ya en el Renacimiento no pensaba así al calificar al científico como "Dios de ocasión", porque él nos desvela los grandes proyectos divinos que se ocultan en la ciencia.
El filósofo Erns Bloch se remonta al mito del paraíso, al que considera enemigo primero de la ciencia y en el que los involucionistas fundamentan su posición. Finalmente el mito ha sido desmitificado y bien interpretado a la luz de la propia ciencia: el verdadero pecado no es querer ser como Dios, ni conocer el bien y el mal, sino permanecer como animales en el paraíso.
Es cierto que la serpiente es postadora de veneno, pero en el báculo de Esculapio es curación y lo fue para los israelitas enfermos de lepra, que se curaban al mirarla sobre lo alto en un palo durante la travesía del desierto (Núm 21, 4-9).
Tambien la liturgia cristiana desde los primeros tiempos se vuelve sobre la gesta del paraíso y la canta agradecida en la noche de pascua:¡Feliz culpa que mereció tal redentor! Esta culpa preparó el camino a Jesucristo, hombre libre que fue puesto en lo alto de la cruz, como la serpiente de Moisés en el desierto. Su delito no fue otro que abrir los ojos al mundo y anunciarle su liberación.
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