La ingenuidad de Jesús. La venganza de la Torá


Ruptura o transición
La ingenuidad de Jesús
(Cont.)

Jesús nos dejó su Espíritu, semilla y sangre. Pero la cosa se complicó. Llegaron los gestores. "Episcopoi" significa en griego inspectores, administradores, es decir, los que se encargaban del aparato organizativo, de mantener el orden. Porque aquello de las diferentes lenguas, los diferentes carismas, las diferentes personalidades, los diferentes nacionalismos amenazaba en reproducir la antigua Babel.

Poco a poco los gestores actuaron como los dueños de la idea. Ya sólo faltaba justificar la operación con algunas citas bíblicas. Completar la simetría de los doce hijos de Jacob, las doce tribus, los doce apóstoles, testigos de su vida, de sus palabras, de su muerte y resurrección.

Para lo cual, entre otras cosas, hubo que eliminar a las mujeres que habían sido mucho más testigos que los doce.
Pero las mujeres rompían la simetría con el Antiguo Testamento y en aquella sociedad no contaban. Aunque, según parece, fueron las únicas que de verdad siempre estuvieron junto a él.

Jesús no buscó filófos, ni economistas, ni teólogos. Y sólo habló del Padre y de los hermanos. Más que ensalzar la pobreza lo que hizo fue ponerse del lado de los pobres. No predicó la enfermedad, ayudó a los enfermos. No animó a la revolución, liberó a los esclavos y fue muy duro contra todo el que humillaba y se aprovechaba del pobre.

No sabía economía ni filosofía ni política. Y su teología era tan sencilla como su fe.

Y así, con mucha sangre de mártires, con graves discusiones sobre lo que había dicho o no dicho el maestro, con las apetencias del poder y con la incorporación de pueblos nuevos y culturas muy distintas llegó la llamada edad de oro.

Te equivocaste, amigo

Mi buen amigo Jesús, todo verdad: eso es lo más
difícil para seguirte.
No es que tu conocieras todas las verdades.
No conocías que la tierra ere redonda ni que era
tan grande.
Había muchas cosas que tú no conocías.
No fuiste un genio de la ciencia.
Sé que sabías leer y poco más.
De física, nada.
El sol te hizo sudar, pero nunca supiste de qué
estaba hecho el sol.
Bebías agua. Tenías sed, pero no sabías la fórmula
del agua.

Te equivocaste, amigo, en tantas cosas...
Pensabas que el final de todo era inminente.
Creías, como todos, en ángeles y demonios.
Formabas parte de un Reino distinto, que, al
final, triunfaría.
Y tu Padre no te daría con un canto en los dientes
cuando tú le pidieras pan.
Te equivocaste, amigo: pediste no beber el cáliz
y te ahogaste en él. No hubo legiones de ángeles.
No eras tal como creyeron las masas y los
tuyos...

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Puede verse un estracto del progran del partido el 14 de mayo y el programa completo el 6 de mayo. Basta con retroceder un poco.
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