El mito del matricidio como anti-navidad constituye un eslabón muy importante en la historia de la Biblia. No ha sido incluido en canon, como el relato del diluvio (Gen 6-8) y de la torre de Babel (Gen 11), pero es en el fondo más significativo.
Para hacerse dueño del mundo por la guerra, para imponer sobre la tierra su ley de violencia, el Hijo (Marduk) tiene que matar a su misma madre, que es signo de la naturaleza. Pues bien, en contra de eso, el relato bíblico cristiana tiene que apelar a María, Madre de Jesús, afirmando que entre ellos (Jesús y María, hijo y madre) ha podido darse y se ha dado una relación que tiene elementos conflictivos, pero que es básicamente positiva, pues Jesús, el hijo de la gran madre cósmica (representada por María) ha aceptado la ensezanz/camino de su madre y, por otra parte, María ha aceptado y ratificado la obra salvadora de Jesús, que no tiene rasgos militares como los de Marduk, sino rasgos de humanización pacífica del mundo, en lucha con Satán/Belzebú, que no es un diablo militar, sino económico (Mamón) y de destrucción personal (enloquecedor, de posesión destructora de la mente.
Se ha dicho que la madre es el signo primero de Dios, como aparece en Gen 2-3. Ella ofrece no sólo su cuerpo, sino su vida entera a los hijos, muriendo de algún modo por ellos, dándoles su carne y sangre, a fin de que tengan carne y sangre, de manera que ella podría decirles, lo mismo que Jesús dirá Jesús a sus discípulos: «¡Tomad y comed (=vivid), eso es mi cuerpo que entrego por vosotros!» (Mc 14, 22 y paralelos).
Este símbolo materno es básicamente pacífico y gozoso, expresión de un amor que se entrega sin violencia y se recibe sin envidia, signo de ternura creadora, fuente de paz, el primer rostro humano de Dios. Hay, sin embargo, varios mitos que suponen que los hijos tienen que «matar» a su madre para así crecer y volverse independientes.
No parece que se dieran al principio de occidente sacrificios rituales sangrientos (físicos) de madres. Pero existió y se ha trasmitido el mito de unos hijos que quitaron la vida a la madre (la destronaron), para vivir y reinar de esa manera ellos, como ha evocado el canto mesopotamio de la creación, titulado Enuma Elish: “cuando en lo alto...”. ´´Este es un mito religioso, que evoca una violencia fundante, más allá de la historia; pero, en su origen, la religión lo engloba todo (familia y sociedad, política y guerra); por eso, ese mito del asesinato de la madre tiene un carácter total, pues recoge y formula el principio de violencia de todo surgimiento humano[1].
Hubo un tiempo en que los hombres parecían dependientes de la madre engendradora: de ella nacían, en ella se encontraban sustentados. Pues bien, algunos pensaron que esa madre Tiamat les había engendrado para tenerles sometidos, como esclavos, menores, en su seno, impidiendo así que ellos llegaran a ser independientes. Les habría suscitado para mantenerles sometidos, reinando sobre ellos. De manera consecuente, para alcanzar la madurez y realizarse con autonomía, los hijos tuvieron que matar a la madre, coronando como rey a Marduk, el matricida[2].
El mito empieza suponiendo que la madre empezó siendo paciente, soportando el alboroto de los hijos aún menores y poco poderosos en su vientre. Pero en un momento dado ella no pudo sufrir ya la violencia de esos hijos cada vez más fuertes que luchaban, rebelándose en su vientre (cf. Enuma Elish I, 100-119), buscando su propia autonomía, hecha de victoria conquistadora, no de engendramiento. Como representante de esos nuevos hijos rebeldes se alzará Marduk, el más fuerte, capaz de vencer a su madre, saliendo totalmente de su seno, para así ponerla a su servicio. De esa forma se enfrentaron el poder generador de la madre y el poder guerrero del hijo y sólo por la lucha se vio cuál de los dos era más fuerte. El mito sigue presentando a Tiamat como madre que ha engendrado a los hijos, pero quiere mantenerlos sometidos, sin dejarles vivir y triunfar con autonomía.
1. Es poderosa como madre. Ha creado (engendrado, formado) el conjunto de las cosas (II, 10-19; III, 15-24.70-85) y así aparece como cuerpo-vientre, pero sin la inteligencia práctica que distingue ya a sus hijos. Es la vida inconsciente y por eso los dioses del imperio militar han de vencerla, iniciando la primera forma de racionalidad sobre la tierra.
2. Es represora, pues impide que sus hijos se vuelvan independientes, añadiendo que ella odia a los mismos seres que ha engendrado (II, 2.11). Así piensan, los rebeldes, que quieren imponer su nueva ley de violencia guerrera, sobre la vida originaria de la madre.
3. Es madre arpía y representa los aspectos maléficos del cosmos: suscita un ejército de terrores naturales, diversos tipos de dragones, hydras, leviatanes (monstruos acuáticos), híbridos feroces (hombres-peces, hombres-escorpiones), evocando el miedo de la naturaleza, condensada en las doce constelaciones de monstruos dirigidos por un Titán o engendro maléfico, Kingu, a quien confía el mando, como a príncipe consorte (II-40; cf. III, 15-50).
Es como si los hijos despertaran del sueño de inconciencia en que vivían, integrados en la madre, para ser independientes y sintieran miedo de ella. Así la descubren como figura perversa[3] contra la que deben luchar para alcanzar su identidad, convirtiéndose en autónomos. El mito añade que quisieron vencerla por dos veces, pero sin lograrlo. (1) Primero se elevó en contra de esa madre/mujer dominadora Ea-Enki, Dios de la tierra y el agua,pero que retroceder no pudiendo mantenerse firma (II, 50-85). (2) Luego quiere alzarse Anu, Dios del inframundo, pero también sale vencido, pues Tiamat era señora/diosa de los poderes del sub-mundo (II, 86-105). (3) Sólo quedó Marduk para luchar contra su madre,para así devolver a los hombres el poder que la madre Tiamat les había usurpado Marduk aparece así como Dios Hijo, portador de unade una violencia nueva y más alta, vinculada con el sol y, rey de los cielos, y sn las armas poderosas de la cultura guerrera de Mesopotamia.
De esa forma pudo iniciarse, y se inicia la más sura de todas las guerras, la “madre de todas las guerra”, por medio de la cual nuevos hombre guerreros (de la estirpe de Marduk) pudieron luchar contra la madre castradrora opresora (esclavizadora). Según eso, la primera de todas las guerras del mundo no ha sido la de los hijos contra el padre opresor (confore al mito de Edipo, el hijo oprimido, violento, que tiene que matar a su padre Layo, para vivir en libertad.
Conforme a este mito griego más moderno, Edipo tuvo que matar a su padre para así reinar, marcando así hasta hoy en día la conciencia (violencia) de occidente, conforme a la interpretación de S. Freud. Pero más antiguo, profundo y verdadero que el mito de Edipo ha sido para occidente el mito de Marduk, que tuvo que matar a su madre para tomar su poder sobre la tierra.
Según eso, la lucha más honda y fatídica de la historia del mundo (en perspectiva occidental) no ha sido la lucha contra el padre, sino contra la madre, esto es, contra la naturaleza. Tan profunda ha sido esa lucha, tan honda y total la guerra contra la mujer/madre (contra el matriarcado), que casi no nos hemos dado cuenta de ella, de manera que veneramos a la madre…pero de alguna manera la estamos matando. La racionalidad materna, centrada en el útero que engendra, en la verdad del cuerpo fecundo; y la racionalidad guerrera, reflejada por Marduk, cultura de violencia a quien reconocen los restantes dioses[4].
Sin duda, Marduk es también signo de fuerzas cósmicas: tiene dominio sobre el viento y el rayo, con las tempestades. Pero más que Dios de la naturaleza, es Señor de la nueva racionalidad militar de Mesopotamia y se identifica con la cultura de la guerra: lleva en su mano el arco y flecha, la red que cautiva al adversario, la maza que rompe su cráneo[5]. Desde aquí se entiende la más honda diferencia: Tiamat crea y combate con su cuerpo, es decir, con sus fuerzas naturales; Marduk, en cambio, ha suscitado, en torno a su cuerpo natural, una corporalidad o razón objetivada de violencia, representada por las armas. El mito actual presenta a Tiamat como expresión monstruosa de la naturaleza (con un tipo de cuerpo que debe ser vencida) y canta la gloria y victoria guerrera de Marduk con su cuerpo vestido de violencia (de armas)[6]. De esa forma supone que el hombre guerrero tiene que "matar" o dominar a la madre para desarrollar su verdadera Vida, para convertirse de esa forma en creador de cultura:
Se lanzaron al combate y se enzarzaron en un cuerpo a cuerpo (Tiamat, la madre, y Marduk, el hijo…; la naturaleza que es la vida, y el hijo que es la guerra) Pero el Señor (Marduk), desplegando su red, envolvió con ella a Tiamat) , luego soltó contra ella el viento malo, que le seguía detrás. Y cuando Tiamat abrió su boca para engullirlo, él hizo penetrar en (en la boca de Tiamat) el Viento malo para impedirle cerrar sus labios... Él disparó su flecha y le atravesó el vientre; cortó su cuerpo por la mitad y le abrió el vientre. Así triunfó de ella, acabando con su vida (IV, 94-103)... El Señor puso sus pies sobre la parte inferior de Tiamat y con su despiadada maza aplastó su cráneo... Dividió luego la carne monstruosa de Tiamat para fabricar maravillas, y la partió en dos, como si fuera un molusco (un pescado para el secadero) dispuso de una mitad que la abovedó a manera de cielo (IV, 129-138).
Sobre el cadáver de la madre ha creado Marduk el nuevo orden social. Ha dividido en dos su vientre (=matriz), poniendo una parte como techo (el cielo) y disponiendo la otra como suelo. En el hueco de esa madre asesinada hemos nacido, de su carne procedemos y en ella existimos («vivimos, nos movemos y somos»: cf. Hech 17, 28). En el principio de nuestra cultura está el cadáver de la mujer/madre vencida por la técnica violenta (racional) de los guerreros varones de Marduk. Para que el hombre pueda construir esa cultura y construirse tiene que domar-dominar a la mujer (a su misma madre), hasta que el fin ella se vuelva inofensiva y útil, descanso y servidora del guerrero.
Esta es la primera empresa o trabajo del varón, que tiene que matar o domar a su madre para alcanzar autonomía. Antes que matar al padre (tema freudiano), al hermano (tema bíblico de Caín y Abel, Gen 4) o a un posible dragón o fiera perversa (tema de otros mitos), el hombre tiene que matar a su propia madre. Es difícil encontrar una violencia más honda y persistente que ésta, un mito más verdadero, oculto tras las fiestas más venerables de la cultura occidental, fiestas de la madre buena que engendra y da a luz a Jesús, el hijo bueno…
Celebramos en navidad la fiesta de la madre buena, olvidando a veces que en el fondo de María, madre buena, está quizá Eva (madre ambigua)…, y queque quizá la mayor hazaña de la gran cultura de occidente ha consistido en matar/domar/domesticar a la madre. En contra de este símbolo hermoso de la Navidad, se camufla el mito de Maduk y Tiamat, que concibe el universo como madre dominada, conforme ha destacado de forma estremecedora el mito de Maarduk y Tiamat.
1. En la parte superior del gran horno del cuerpo de Tiamat, dividido en dos, como las valvas de un molusco, ha colocado Marduk los grandes astros (V,1-47). Con la saliva y aliento de Tiamat hizo Marduk las nieblas, las nubes y los vientos, pues respiramos del hálito vital de la madre muerta (V, 47-53).
2. Sobre la parte inferior del cuerpo de Tiamat, que es la costra y superficie de la tierra, vivimos y nos movemos nosotros. Cabeza y pechos de la madre son las inmensas montañas y sus ojos son los manantiales de los grandes ríos (Eúfrates y Tigris) que fecundan la tierra cultivada del entorno de Mesopotamia... (V, 53-68). De esa forma justifica el mito la violencia ecológica contra la madre naturaleza de la que hemos nacido y sobre la que vivimos[7].
Los portadores de la cultura occidental, herederos de este mito mesopotamio, hemos empezado a ser lo que somos al independizarnos de la madre y dominarla. Sólo quien la "mata" (quien reprime lo materno) puede convertirse en rey, como Maarduk, que no es rey obedeciendo a su madre, sino matándola (V, 109).
Todos dependemos de ese matricidio. Brotamos de la carne y sangre de Tiamat (y/o de Kingu, su consorte), pero nacemos por obra de Marduk, como beneficiarios y representantes de su matricidio. Lo que él hizo tenemos que seguir haciéndolo, para ratificar su gesto en una fuerte cultura de violencia. Sobre esa "hazaña" de Marduk se edifica la ciudad (Babel) y se instaura la religión (el culto de los dioses), en claves de violencia. De esa forma, llegando a su final, el mito resulta transparente. Antes parecía dominante el miedo a la madre, el fantasma de una naturaleza opresora. Ahora, los dioses (y los hombres) deben inclinarse ante los signos del poder violento: «El Señor (Marduk) presentó su Arco, puso esta arma delante de ellos; los dioses, sus padres, contemplaron la Red que había hecho; y admiraron la maravillosa factura del Arco... (Y Anu) tras besar el Arco dijo:¡Sí! ¡Este es mi Hijo!» (VI, 83-98).
Donde reinaba el útero materno reinan y se vuelven adorables las armas que han matado a la madre. El Arco y la Red constituyen el nuevo cuerpo de violencia del varón que se impone sobre el mundo. Ha terminado la "protohistoria" (tiempo del cuerpo materno); sobre el cadáver de la madre, con el Arco y la Red como dioses, han comenzado su historia los "grandes creadores" de violencia que han sido y son los babilonios (y los occidentales modernos).
Todos seguimos estando apoyados en el asesinato mítico, es decir, real pero no histórico, de la madre, que puede interpretarse como pecado original de occidente. Este mito expresa el ideal de una sociedad que se funda en la violencia del varón conquistador (guerrero) y ratifica el sometimiento del principio femenino. Es posible que no conserve el recuerdo de ningún hecho histórico, ni refleje ningún rito de sacrificio físico, pero ha tenido y sigue teniendo una gran importancia en la cultura de occidente.
Sobre a la presunta violencia natural (irracional) de la madre, se ha impuesto y triunfado la violencia militar de Marduk, guerrero poderoso, que impone su orden por la fuerza y de esa forma mantiene el caos sometido. Los habitantes del imperio (de Babel) le deben la forma de vida que disfrutan y por eso le sirven y le ofrecen sacrificios, cuidando de su templo.
Religión y culto aparecen así como reflejo y expansión de la violencia militar de aquellos que dicen habernos liberado del caos materno. Evidentemente, la cultura y religión que se establece sobre ese fundamento (muerte de la madre) tiene un sentido militar: se ha desligado de la naturaleza, se ha puesto al servicio del orden de Babel y es propio de fuertes guerreros. Esta religión sirve para sancionar el orden social: los humanos brotan de la sangre mala de la diosa derrotada (Tiamat o Kingu, su malvado consejero); por eso tienen sangre perversa y hay que mantenerlos sometidos. Han nacido para obedecer y servir al Dios del poder de Babilonia y de su imperio. Por su mismo nacimiento son esclavos de una autoridad sacral, simbolizada por Babel, con su templo y su imperio gigantesco. Pues bien, esta cultura de Marduk-Babel ha definido toda la historia posterior de occidente, como ha señalado de forma ejemplo el Apocalipsis.
La Biblia en su conjunto, desde Gen 11, 1-9 (Torre de Babel, templo de Marduk) hasta Ap 17-19 (caída de Babel, la prostituta), ha interpretado este mito de forma negativa, como expresión de la soberbia de los hombres que se alzan contra su Madre sagrada (contra el mismo Dios excelso) y así caen en manos de propia confusión, vinculada a la mujer-prostituta que maneja y destruye a sus devotos.
No sabemos si ha existido en el principio de las grandes culturas un asesinato histórico de la madre (paralelo al asesinato del padre que muchos postulan, conforme al mito de Edipo); lo que sí ha existido es la represión violenta del aspecto materno de la vida, con la sumisión de las mujeres/madres y hermanas (esposas) bajo los guerreros. Al menos en sentido simbólico podemos decir que somos hijos de un asesinato, del primer matricidio, (deicidio): hemos matado a nuestra madre, convirtiéndonos en seres violentos y errantes sobre el mundo.
Entendido así, el "pecado original" consiste en el rechazo del origen. Llevamos la marca de un Caín-Marduk que no ha empezado asesinando a su hermano/compañero (Abel) sino a su madre, fundando así la tragedia que está en la base nuestra vida humana: para ser lo que somos debemos salir de la naturaleza y reprimirla de algún modo, con violencia. Sobre el influjo del signo de Babel en la historia de occidente, a través del Apocalipsis,
[1] Frente al mito de Edipo (asesinatodel padre), hallamos aquí un mito más antiguo: para ser lo que son, violentos luchadores, los hombres han tenido que "matar a la madre". De esa forma, en el lugar donde se hallaba antes ella, han colocado la guerra como principio o "padre" de todo lo que existe (Heráclito). Texto del mito de Marduk en F. Lara, Enuma Elish, Trotta, Madrid 1994; edición parcial en J. B. Pritchard (ed.), La sabiduría del Antiguo Oriente, Garriga, Barcelona 1966,35-45. Bibliografía básica: H. Frankfort, Reyes y Dioses (en Egipto y Mesopotamia), Rev. de Occidente, Madrid 1976; W. H. Ph. Romer, «La religión en la antigua Mesopotamia», en C. J. Bleeker y G. Widengren, Historia religionum, Cristiandad, Madrid 1973, I,121-196
[2] Podríamos suponer que la madre buena ha ofrecido cuerpo y vida (sangre, leche) a los hijos e hijas, de un modo gratuito, para que estos puedan luego vivir por sí mismos. Pero muchos la han tomado como mala (opresora), pensando que sólo podrán hacerse «hombres» si se desligan de ella, si la matan, como hicieron Marduk y otros dioses al origen de los tiempos. Comer la carne y beber la sangre de la madre: éste sería el primero de los sacrificios que los conquistadores, expertos en la guerra, han sustituido después por el orden que se logra con violencia.
[3] E. Neumann, La Grande Madre, Astrolabio, Roma 1981, 151-180, ha estudiado los diversos tipos de "demonización" de la figura divina femenina. Sobre el surgimiento y sentido de las divinidades "superiores" masculinas, cf. L. Cencillo, Mito. Semántica y Realidad, BAC, Madrid 1970, 154-166.
[4] A. M. Fernández, La mujer de la ilusión, Paidós, Buenos Aires 1993 ha puesto de relieve el carácter parcial (dominador) de una racionalidad masculina vinculada a la violencia.
[5] R. Girard, La violencia y lo sagrado, Anagrama, Barcelona 1983 ha estudiado con gran erudición y fuerza persuasiva el origen violento de la racionalidad occidental (que nosotros llamaríamos "masculina"). En esa línea de violencia sacrificial, que necesita siempre víctimas, se mueve a su juicio la filosofía europea, desde Heráclito hasta Heidegger, a diferencia de la revelación bíblica que tiene un carácter no-violento (no-sacrificial) y que culmina en Cristo: cf. R. Girard, El misterio de nuestro mundo, Sígueme, Salamanca 1982, 299-318.
[6] Presentación y juicio general en C. Acevedo, Mito y conocimiento, Univ. Iberoamericana, México 1993 con amplia bibliografía. Cf. también G. Gusdorf, Mito y metafísica, Nova, Buenos Aires 1960.
[7] U. Bianchi, Teogonie e cosmogonie, Studium, Roma 1960, 96-110 ha situado el tema en el trasfondo de las diversas cosmogonías de los pueblos antiguos. V. Hernández, La expresión de lo divino en las religiones no cristianas, BAC, Madrid 1972, 155-182 destaca el trasfondo materno y dual de las cosmogonías.
Este es el pregón central de Navidad, tomado del Credo y del Evangelio (Jn 1, 12-14) Dejo parte del título dejo en latín, por si alguien lo toma a mal. Esa frase suele atribuirse a San Agustín (354-430), aunque parece que es de San Bernardo (1090-1153). Yo mismo la oí de niño, con morbo contenido, no sé si mío o de dos señoras que comentaban el sermón del cura: Di e que venimos de un sitio que está entre la orina y las heces.
Después, por mis pecados de teólogo, tras publicar y ser sancionado por un libro inocente titulado Los orígenes de Jesús (1976), queriendo defenderme, tuve que leer casi todo lo que había escrito en teología sobre el tema, fijándome de un modo especial en Jn 1, 12-13: Los hombres no nacen de las sangres, ni de la voluntad de la carne, ni del deseo de varón sino de Dios.
Parece un tema “escatológico”, pero es el centro de la fe cristiana, y aí lo proclama el evangelio de la misa mayor de Navidad (25.12.26; Jn 1, 1-18). Más que eso no se puede decir, ni menos tampoco si queremos ser cristianos, con la fe del concilio de Nicea (325 d.C) del que hemos celebrado los 1700 años. Siga leyendo quien entrar en temas vitales, aunque puedan producir cierto escándalo. Para otros será suficiente leer con atención Jn 1, 1-18. Para todos, buenas vísperas de Navidad.
Principio. El evangelio de Navidad
[Dios es Palabra] En el principio era la Palabra y la Palabra era junto a Dios, y la Palabra era Dios. Esta era en principio junto (hacia) Dios.
[Palabra Creadora] Todas las cosas fueron hechas por ella, y sin ella no se ha hecho ninguna. Lo que fue hecho era (tenía) vida en ella la Palabra y la vida de la Palabra era la luz de los hombres (Jn 1,1-4).
[Nosotros nacemos de Dios] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre… Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no nacen de las sangres, ni de la voluntad de la carne, ni del deseo de varones, sino de Dios.
[Dios nace en-de nosotros] Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria de Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad (1, 14).
[Revelación] A Dios nadie le ha visto jamás; el Dios unigénito, que estaba en el seno del Padre, ese nos lo ha revelado (1, 18)
Desarrollo
(a) El mismo Jesús histórico, nacido, muerto y resucitado es la Carne de Dios. Por eso, los cristianos buscamos y vemos a Dios en la "carne", es decir, en la historia (el mensaje, el amor, el camino) de Jesús, a quien llamamos Hijo de Dios.
(b) Si Jesús es "carne" de Dios, en él y con él son carne de Dios todos sus "hermanos" y de un modo especial los pobres (como sabe y dice Mr 25, 31-46)... En esa línea, conforme al lenguaje más filosófico de los Concilios (Nicea y Calcedonia) hay que decir que toda la "naturaleza" humana es carne de Dios (revelación de su Ser).
(c) Celebrar la encarnación de Dios en Jesús significa celebrar el valor divino de la vida humana y el valor humano de la vida divinay comprometerse al servicio del hombre, de todos los hombres, y en especial de los excluidos de esta sociedad imperial de consumo, que son hermanos de Jesús, carne de su carne, sangre de su sangre, para emplear un lenguaje bíblico y eucarístico.
Comentario, empezando desde el final
– A Dios nadie la ha visto jamás. Esta frase puede interpretarse en sentido israelita; han sido precisamente ellos, los judíos, los que han afirmado que nadie puede ver a Dios sin morir; ellos son los que después han añadido que el nombre de Yahvé es silencio, que no puede ni decirse; ellos son los que, conforme a 2 Cor 3-4, han querido poner un velo sobre los ojos para no profanar el misterio de Dios.
A Dios nadie le ha visto: su misterio sigue siendo inaccesible. Esta es la verdad final del más hondo judaísmo que, sin embargo, de forma admirable, siglo tras siglo, ha sabido sacar fuerzas de esa trascendencia divina, para confesar a Dios, a través de su fidelidad a la Ley y tradiciones. No creen los judíos rabínicos en el Hijo de Dios que es Jesús, pero la confesión del misterio divino les ha hecho vivir en actitud de confesión intensa.
– El Dios Unigénito que estaba en el seno del Padre...Algunos manuscritos dicen “el Hijo Unigénito”, pero los más significativos mantienen esta lectura más difícil, llamando a Jesús Dios Unigénito (monogenes theou, que habita en el seno del Padre, como Luz y Palabra.
Estrictamente hablando, la palabra que traducimos como seno del Padre (kolpon tou patrsu) significa pecho y, en algún sentido, corazón. Es como si el Hijo existiera reclinado en el pecho del Padre, como el Discípulo Amado lo estuvo en el de Jesús (Jn 12, 23).
Esa imagen nos lleva a tomar a Dios como “seno de madre” donde habita y crece el Hijo/Dios unigénito. Esta imagen paradójica presenta a Dios como seno materno de Padre (como horno de luz-fuego-palaba) en cuyo seno (materno) ha surgido y se mantiene el Hijo, es decir, la realidad del mundo, tal como culmina en Cristo, hijo de Dios (como he puesto muy de relieve en Lectura cristana de los salmos (VD, Estella 2023); este es el mensaje del último canto/libro de Juan de la Cruz, Llama de amor viva.
– Ése (Jesús Hijo, en el seno/horno del Padre) nos lo ha revelado. Jesús vive (ha vivido) al mismo tiempo entre los humanos, en una historia bien concreta de amor y comunión ellos, y en los pechos (seno) de Dios, revelando así el amor del Padre, como hijo, como niño, como mayor, como amado de hombres y mujeres. Este es el secreto, este el misterio radical del evangelio, que todo el resto del libro de Juan ha querido describir.
En principio, el cristianismo ha formulado la experiencia cristiana desde una perspectiva pascual, partiendo del Cristo crucificado y resucitado, como lo han empezado proclamando las mujeres de pascua (Mc 16, 1-8) y tras ellas de un modo más teológico San Pablo (Gal 2-3) . Pero, una vez que los cristianos interpretan a Jesús como el Hijo de Dios enviado por el Padre, están teniendo que hablar y están hablando de su Navidad (nacimiento) en la historia de los hombres.
Significativamente, los evangelios sinópticos,a partir de Marcos, han contado la historia del Jesús Mesías, pero no como encarnación de Dios, pero insistiendo más en su muerte y resurrección que en su nacimiento (como los cristianos celebramos en las fiestas de Pascua).Pero, al mismo tiempo, ellos (empezando por Mt 1-2; Lc 1-2) han proclamado el sentido divino del origen de Jesús (brota del amor del Padre, por el Espíritu, a través de María Virgen, en una familia judía de Nazaret, dirigida en un sentido “oficial” por José, de la familia mesiánica de David.
Partiendo del mensaje de los sinópticos, el evangelio de Juan ha desarrollado la historia biográfica de Dios, desde su encarnación, desde la encarnación de Dios, que es Navidad. Éste es su mensaje: Jesús es la carne de Dios, la tierra/vida de Dios Eso significa que, naciendo de Dios (siendo Dios de Dios), Jesús nace en la historia, en la carne de los hombres, siendo así “carne divina”. Pero no nace aislado, para quedarse separado, sino para mostrar que todos nacemos de Dios, siendo hijos de la carne y de la sangre.
Jesús nace en la carne (como carne, humanidad), para que los hombres podamos nacer plenamente como cielo, hacernos Dios. Existiendo en la eternidad, Dios, la Palabra de todas las palabras, se ha hecho Carne, ser personal, en la historia. Por eso, cuando decimos que «Dios es Palabra», estamos aludiendo de hecho a Jesús, que es el Unigénito (=Hijo) de Dios Padre. Dios es Palabra, pero no una palabra cualquiera (de palabrería y olvido, de imposición, de envidia y rxclusión), sino una Palabra que escucha y aprende, que se deja iluminar y que de esa forma ilumina…
Eso significa que escuchamos la Palabra de Dios en la palabra de los hombres. Desde ese fondo quiero comentar el tema central de este evangelio (Jn 1, 12-15): ¡Todos nacemos de Dios!
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de amor carne, ni de deseo humano, sino de Dios….pues la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Quiero insistir en el argumento de fondo del “divino comercio” de la Navidad, como la presentan los Padres de la iglesia como economía de Dios (Trinidad económica) :
a quienes le recibieron (recibieron a Dios, escucharon su Palabra), Dios) les dio el poder de ser Hijos de Dios, los cuales» no han nacido (no han sido engendrados) sólo del deseo de carne, ni de la voluntad) de un varón ni de las sangres (sangre menstrual y puerperal de mujer), nacido de Dios… pues él, la Palabra Dios (=Dios palabra) se ha hecho carne y habitó entre nosotros.
Leer este pasaje desde la biología, antropología del tiempo de Jesús.
Conforme a la visión normal del tiempo de Jesús (ratificada por la biología de Aristóteles y vigente en el pensamiento de occidente hasta el siglo XIX) las mujeres eran pasivas en la concepción, maduración y nacimiento de los hijos, un simple útero/ánfora con sangre). Léase desde ese fondo el texto.
- Los creyentes no nacen de las sangres (οὐκ ἐξ αἱμάτων), en plural. Son las sangres de la mujer, que concibe en su sangre (menstrual) y da a luz en su sangre/hemorragia puerperal. Conforme a la biología del tiempo de Jesus, (en contra del texto base de Gen 3, 15 la mujer no tenía “semen genético” (no tenía óvulo, ni ADN propio para darle al hijo), sino que era sólo un útero/ánfora de sangre, donde recibía el semen del varón, hasta que madurada) y fuera dado a luz
- Ni nacen de la voluntad del hombre/carne ni del deseo del varón/carne (οὐδὲ ἐκ θελήματος σαρκὸς οὐδὲ ἐκ θελήματος ἀνδρὸς). En el primer caso pone voluntad de la carne (θελήματος σαρκὸς), que puede ser del varón y/o la mujer, aunque la exégesis tiende a decir que en aquel tiempo se pensaba que mujer no tenía voluntad de carne (sino que era pasiva en el coito y generación). En el segundo caso se dice ya expresamente que los creyentes mujeres no tienen voluntad, no deciden, sino que pasivas en la generación. Por eso, los hijos provienen sólo de la voluntad del varón/macho (ἐκ θελήματος ἀνδρὸς).
Los cristianos gnósticos, en cuyo entorno surge una línea que pas por San Agustín y san Bernardo, tienden a decirque la Concepción y nacimiento de Jesús es algo impuro (inter urinas et faeces, entre orina y heces). Por el contrario, los creyentes de la línea del Evangelio de Juan, en contra de la gnosis, apelaran al famoso principio de las antítesis convertidas en síntesis: Non solum sed etiam…: Los seres humanos, como creyentes, como seres de palabra/espíritu, no nacen sólo de sangre de mujer y deseo de varón sino sobre todo de Dios, en unión con Cristo, palabra d Dios.
Discusión del texto. ¿Nacer sólo de Dios? ¿Nacer de Dios y/por María?
¿Quién es o quiénes son los que no nacen de las sangres… del deseo de varón? Hay una lectura minoritaria, pero atestiguada en muchos códices antiguos y en diversas tradiciones donde el texto está en singular: no ponen hoi egennethêsan…(los cuales no han nacido… de la carne, sino de Dios), sino hos egennethê (el cual no nace de la carne, sino que ha nacido de Dios).
Si esa segunda lectura es primitiva y se toma al pie de la letra, como hacen muchos,… el texto diría que Jesús… había nacido sin semen y deseo de varón, sin sangre menstrual/puerperal de María, sino sólo de Dios), en contra del resto de los mortales que hemos nacido de sangres femeninas (sangres menstruales y puerperales) y del deseo de la carne/sexo/semen de varón). Jesús, en cambio habría nacido de un modo puramente virginal... sin deseo de varón (José), sin sangres de mujer (sin menstruación, sin parto normal). En otras palabras: No había habido en su concepción ningún deseo de varón (el deseo de la mujer no solía contar, en aquel contexto); no había habido sangre menstrual de María…Más aún, ella habría sido virgen en el parto (un parto sin sangre)[1].
Algunos pensamos que, si las cosas hubieran sido así, resultarí difícil decir que Jesús fue un hombre verdadero. Pero esta lectura se puede tomar también en sentido simbólico… y decir que Jesús ha nacido de Dios (trinidad inmanente) naciendo, al mismo tiempo, de María (Trinidad económica), tal como han desarrollado el tema los evangelios de Mateo (i, 18-25) y de Lucas (1, 26-38).
Lectura en plural… Todos nacemos de Dios y/por la historia humana
La mayor parte de los manuscritos tienen el texto en plural y así lo pone el texto litúrgico. En esa línea, todos los que creen en Jesús nacen de Dios, no provienen sólo del deseo de la carne de la historia humana y deseo de varón y de la sangre de mujer (y del deseo de la mujer María, como dicen los evangelios de Mateo y Lucas)…. sino también y en el fondo de todo de la vida de Dios. Pues bien, esa lectura plural, que es dominante, puede entenderse desde varias perspectivas:
Perspectiva radical, de tipo gnóstico… Toda generación es mala
Algunos gnósticos antiguos (y algunos cristianos normales) han tomado todo lo relacionado con la sangre menstrual y el deseo de la carne/varón como algo pecaminoso, como puede verse en textos de San Agustín. Por eso conforme al evangelio apócrifo de Tomás (no aceptado por la iglesia), en sentido radical, la madre de Jeús, si es que tuvo deseos, fue una prostituta (repito, este evangelio no ha sido aceptado por la iglesia).
Ellos interpretan de un modo literal la palabra de un salmo que diría: “et in peccatis concepit me mater mea” (y en pecados me concibió mi madre, entre heces y orina de varón, porque tenía deseos, y de mujer, si los tenía” (Salmo 51, 5; véase comentario en mi Lectura cristiana de los salmos, VD, 2023).
Según eso, los niños no gnósticos (no crecido a la interioridad sagrada) nacerían y permanecerían en el pecado de la madre y el pecado del padre… Pero los verdaderos gnósticos no nacen de esa forma, sino sólo de Dios, pues todo el proceso de la generación esta manchado por un tipo de pecado original que continúa. Por eso habría que buscar un mundo sin deseo de varones, sin sangre mestrual y deseo de mujeres.
Perspectiva simbólica dual: Jesús nació del espíritu (=deseo) de Dios, naciendo, al mismo tiempo (gracias a Dios) del deseo/palabra de María (dejamos por ahora a un lado a José, cuyo deseo/colaboración han contado de formas convergentes los evangelios de Mateo y Lucas (de los que trataré más otro día).
Hay (según eso, una generación superior (todos venimos de Dios), aunque (=porque) nacemos de la carne y sangre de la historia humana, que es un deseo infinito de vida/plenitud (pudiendo convertirse) en imposición y violencia de hombres y mujeres. La mayoría de los cristianos interpretamos este pasaje en plural: por obra de Dios, como hermanos de Jesús, todos nacemos de Dios. Por eso hay que distinguir (no separar) los dos niveles:
- En un plano cósmico, los hombres nacemos de las sangres de la mujer (no se conocía antiguamente el ovulo femenino, se pensaba que la madre sólo daba la sangre…) y del esperma del varón)… Nacemos de la sangre de la historia (simbolizada en la mujer) y del deseo de la vida (simbolizado en el esperma del varón, que es deseo de carne…). Dios mismo se ha querido encarnar en ese plano de “carne, expresado en la vida de los hombres y mujeres. Así ha nacido Jesús, así nacemos todos. Así dicen algunos que nacemos solos del deseo de la carne/sangre igual que los monos.
-Pero, al mismo tiempo, en un plano superior, los creyentes afirman (=afirmamos) nacen/nacemos de la Palabra, es decir, nacen de la voluntad y de la vida Dios, somos con Jesús la encarnación de Dios… Nacemos no sólo de la palabra y voluntad de Dios (genitor universal, deseo original de vida), pero también (al mismo tiempo) de la palabra-voluntad-espíritu de nuestros pro-genitores).
Así decían los libros de religión antigua: Los padres ponen en marcha la vida de Dios y Dios pone (=crea, va creando) un alma distinta y propia para cada uno que va surgiendo a la vida personal. Así tuve que responder yo en la clase de religión en el Instituto de Bilbao (donde el buen cura profesor me puso sin más sobresaliente, no sé si matrículo, por responder así)
En ese nivel todos nacemos de una forma Inmaculada (es decir, superior al orden biológico)… Hay algo en el hombre que algo que nace de Dios: la Palabra (alguien diría el alma…).
Vinculación. Deseo de Dios en el deseo y amor, de hombre y mujeres…
Cuando Juan 1, 14 dice que El Verbo Se Hijo Carne… está diciendo algo más hondo… Dios mismo ha entrado en la carne y en la sangre, en el deseo de varón (y en el deseo de mujer… que sí lo tiene). Desde ese fondo tenemos que reinterpretar el texto, en contra de la letra del mismo Juan, diciendo:
N… Nacen no sólo de la sangre-carne-varón… sino que nacen del Dios que actúa como Palabra fundante a través de esa misma sangre-carne-varón… La sangre/deseo de la mujer (biológicamente su óvulo) y el deseo/carne del varón (biológicamente su espermatozoo) pueden ser y son vehículos de la palabra de Dios, de tal manera que toda auténtica concepción humana es concepción inmaculada…
Conclusiones:
a) Creo que el texto de Jn 1, 13 es un texto radical e incluso «peligroso», pues puede llevarnos a una visión gnóstica de Cristo (que habría aparecido en forma humana sin nacer de verdad) y a una visión “puramente carnal” de los cristianos, condenados a una vida de carne/sangre/deseo… sin llegar nunca a Dios, sin ser “encarnación” de Dios.
b) Más aún, este texto ha dado lugar a muchos problemas en la Iglesia… Parte de la condena de la sexualidad (sangre de mujer, deseo de varón, deseo mutuo) está vinculada a una visión errada de este pasaje, separado de Jn 1, 14 donde se dice que la carne es Dios (palabra de Dios). Sólo allí donde unimos Jn 1, 12-13 con Jn 1, 14 podemos afirmar lo más hondo: Dios se ha hecho carne, ha divinizado la carne de nuestra historia, pues Jesús no puede ni quiere separarse de nosotros.
c) Este pasaje debe ser reinterpretado en la actualidad… desde la nueva perspectiva biológica y humana que se abre desde el evangelio y desde la misma ciencia moderna…. Pero en su fondo sigue siendo ejemplar: El nacimiento humano es lugar muy preciso y muy hondo de experiencia de Dios.
d) Por eso, Jesús ha querido nacer como nacen los hombres, en todo menos en el pecado… Sólo así forma parte de nuestra familia humana. Éste es el mensaje que he querido colocar en el centro de mi libro LA FAMILIA EN LA BIBLIA (Verbo Divino, Estella 2014).
[1][1] Cf. M. E. Mocholi, Virgen, mujer y madre. La maternidad cristiana en la visualidad mariana. En M. Á. Martí Bonafé (Coord.), Marías. Entre la adoración y el estigma, Tirant lo Blanch, Valencia, 2022, 19-39.
Dom 3 Adviento (Mt 11, 2-3), con un evangelio básico (¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?) y una respuesta central (los ciegos ven, los cojos andan…) de la que trataré la próxima semana.
Hoy quiero exponer el evangelio de Adviento de San Juan de la Cruz, a quien con un poco de cariño suelo definir como el último cristiano de occidente, según Cántico espiritual 25: A zaga de tu huella
Juan de la Cruz vivió y expuso un evangelio lírico (escrito y cantado en liras), como los salmos de Israel (cantados también con con lira: harpa o cítara/guitarra).
El Canto “espiritual” de Juan de la Cruz consta de 40 liras, a cinco versos cada una (200 versos), cada lira un compendio de vida poética cristiana.
Hoy escojo la lira 25 (a zaga de tu huella), la que más me gustaba de pequeño, porque habla de delanteros y zagueros, como en el juego de pelota. Ahí va la lira, sigue el comentario. Buen domingo III d eadviento, buen día poético, cristiano de San Juan de la Cruz.
Jesús quiso crear otra familia, en oposición al sistema económico‒militar de Roma y al orden sagrado del templo de Jerusalén, una familia donde sólo importara el ser humano, abierto en amor a todos, compartiendo la vida unos con otros, en especial con los pobres, enfermos y expulsados. Así fue revelador‒iniciador de un modelo universal de fraternidad, en contra del poder elitista de Roma (orden jerárquico de administración imperial) y del poder sacral del templo (imposición religiosa), que respondió condenándole a muerte.
He conocido personalmente y por oficio a los dos prefectos anteriores de la Congregación de la fe: (1) Al Card. Múller, que era signo de un dudoso poder de Dios (=Dios es autoridad de vida en libertad), sobre un pueblo de los sumisos. (2) Al Cardenal Ladaria, signo y portavoz de la Sabiduría universitaria de Dios, gran teólogo, gran persona, pero quizá más para sabios y entendidos (Mt 12, 25-26) que para la gente normal y pequeña de este mundo de gentes sencillas como son los cristianos.
Tras ellos ha venido el Card Víctor Fernández (=Tucho), de la mano del Papa Francisco. No le he tratado personalmente, pero le conozco muy bien, por su entorno de Argentina, y por sus trabajos de colega, compañero, y amigo de buenos compañeros y amigos.
Por él doy gracias a Dios, felicitando a la iglesia católica, por tenerlo de prefecto de la D. de la Fe, como hombre que va abriendo camino de evangelio de libertad, no de poder como Müller, ni de sabiduría universitaria como Ladaria, sino de humanidad liberada por el amor de Dios.
Por eso, culminando mis dos postales anteriores en RD y en FB, he querido reinterpretar el documento del Card. V. Fernández (Mater populi Dei) con el título de "libertas populi", libertad de pueblo, en contra de aquellos que, en diversos medios de poder (con mucho dinero de fondo), siguen atacando de un modo injusto e ignorante al Card. Fernández.
En este documento (Mater populi fidelis: 8.10,25), muy inspirado en la teología de Ratzinger, María no viene de forma nueva, como virgen activa e inmaculada anti-pecado, con su ministerio de bodas y de espada en el alma para acompañar, redimir y liberar a los amenazados y oprimidos, sino que vuele al modo más tradicional de algunos como “madre piadosa del pueblo fiel”.
De ello traté ayer en RD y FB, insistiendo en María como mujer de bodas (Jn 2), compañera de Cristo en el dolor (Lc 2, 32-35; Jn 19, 25-27) y creyente de Pentecostés (Hech 1-3; Juan de la Cruz, Lámparas de fuego).
Esa reflexión ha sido saludada por Emimaría C. y por L. Florio, Argentina (FB 5.11.25), que me ha pedido que la condense, como hago a continuación en 9 puntos.
Buen día de “madre” a todos, pero en especial de virgen, inmaculada, mujer, pueblo, colaboradora (con illabi) y amiga en el camino gozoso y fuerte de la vida, ya en pleno siglo XXI, que ha de ser mariano para ser cristiano.
La Congregación de la Doctrina de la fe, con firma del prefecto V.M. Card. Fernández y aprobación de León XIV, ha publicado en la línea de Marialis Cultus y Redemptoris Mate, el pasado 4.11, un. Nota doctrinal sobre algunos títulos marianos (Corredentora, Mediadora, Madre de los creyentes y Madre de la gracia), referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación.
Es un documento bueno, pero exiguo y, restrictivo, sobre María proponiendo un nuevo título mariano, tomado de san Agustín: Madre del Pueblo fiel (PL 40, 399.)
Conocí a Xabier Segura el año 2002/2003. El era estudiante de un nueva “Congregación” cristiana llamada Seminario del Pueblo de Dios, fundada por Francesc Casanovas Martí (1938-2002), con el fin de encarnar el Evangelio y el Vaticano II en una forma de vida que uniera mística y comunión cristiana en grupos comunitarios de honda experiencia (en la línea de San Juan de la Cruz) y de inserción eclesial de tipo familiar y comunitario.
Así lo entendí al menos yo. Xabier segura quería elaborar y defender conmigo, en esa línea, una tesis doctoral en teología, sobre San Juan de la Cruz en la Universidad P. de Salamanca. Nos pusimos de acuerdo. Me entendí con él, tengo un gratísimo recuerdo suyo, pero al fin desistimos, puso yo tuve que dejar la enseñanza en una universidad de la Iglesia. Xabier presentó y defendió la tesis en la U. P de Comilla.
Casanovas murió y el Seminario del Pueblo de Dios (donde ha seguido Xabier)ha sido investigado, intervenido y suspendido, en espera de juicio por ciertas “irregularidades” referentes a la pretendida mística y conducta de algunos miembros del “seminario” (como podrá verse en google).
Han celebrado su memoria el patriarca Bartolomé y el Papa León. El conjunto de las iglesias debe reinterpretarlo y revivirlo desde Jesús de Nazaret, que no fue emperador, ni patriarca ni papa.
Es preciso recrearlo, como quería el Papa Francisco, como han querido muchos teólogos y hombres de iglesia, como Faus, Sobrino y Pagola, siendo criticados por ello [1] (Cf. nota)
He escrito un par de libros de texto sobre el tema (uno de Trinidad, otro de Patrística). Aquí me permito retomar algunos de sus argumentos, remitiendo a un trabajo más extenso publicado en Cartaginensia, cf. nota 1.
Uno de los dichos más enigmáticos y fuertes de Jesús recoge una sentencia de la sabiduría universal que dice: “Las aves del cielo tienen nido, las zorras madrigueras, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Mt 8, 20).
El término “Hijo del hombre” tiene aquí un sentido doble: alude, por un lado, a la humanidad en su conjunto; por otro se refiere al mismo Jesús, que viene a ofrecer un camino en el tiempo a los que parecen que no tienen ya tiempo, porque el mundo viejo acaba.
En otro tiempo, muchos israelitas habían pedido a Dios que les ayudará en la Guerra, para vivir en la tierra… pero perdieron todas las guerras, incluso las que ganaron, y así, volviendo de un exilio de muerte, hace unos 2.500 años, tras durísimas batallas, optaron por la paz, como don de Dos y promesa de vida, creando un breve canto, que atribuyeron a los dos grandes profetas de Jerusalén, Isaías y Miqueas, y lo introdujeron en sus libros.
Este es el canto que los cristianos católicos de rito romano han puesto al principio de la misa del primer domingo de Adviento, como pregón y anuncio de paz, que cito a continuación, para comentarlo después con la ayuda de Juan de la Cruz, mi poeta y teólogo de cabecera, que compuso, a partir de ese texto profético (y del Cantar de los cantares) su famosísimo himno al lecho de amor. Las imágenes que acompañan al texto están tomadas del Icono de Juan de la Cruz en su iglesia sepulcral de Segovia
Ha sido un regalo de Dios habernos conocido y acompañado durante 50 años, desde que era rector del Seminario del Salvador en Salamanca, hasta que ha fallecido esperando el adviento del Reino el pasado 22.11.25 en Valencia, su ciudad
Era un burgués en el sentido mejor de la palabra, de familia de empresarios, políticos y artistas, trabajador infatigable, emprendedor, dirigente y compañer de iglesia, cultura, y búsqueda de Dios, respetando siempre a los demás, con una inmensa conciencia social
Presenté ayer a Cristo-Rey de condenados a muerte (evangelio de Lucas) y de enamorados (Juan de la Cruz). Ahora comienzo una pequeña serie sobre Cristo-rey, según Luis de León y Juan de la Cruz, altos cantores de Cristo-Rey en lengua castellana.
Hoy le presento, según Luis de León como rey de estrellas (supra-mundo divino) y músico-música de cielo (armonía universal).
“Mañana” presentaré a Jesús como rey cristiano, según el mismo Luis de León, con Ascensión al cielo y retorno triunfador (dominador), falsamente cristiano, para culminar “pasado mañana” con Juan de la Cruz cristiano verdadero.
Quedarnos en Luis de León sería volver a la mística pre-cristiana, que culmina en forma de violencia reactiva y vengadora, en una línea muy actual, pero muy peligrosa como verá quien siga leyendo “mañana”.
Así quiero mostrar un camino que, a mi juicio, debe llevar de Luis de León (agustino como León XIV) a un Papa que retome la línea de Juan XXIIII, de la “estirpe” de Juan Evangelista y Juan de la Cruz, cristianos encarnados en la humanidad real de Jesús, sufriente y amante, en comunión de verdadero cielo.