La desgarradora e inconmensurable tragedia humana de Britney Spears

(AE)
Hay noticias que, quizás en un ambiente marcado por los cotilleos de los famosos, sus devaneos y el glamour de sus saraos, no llamen mucho la atención. Por estos lares

africanos, donde parece ser que hay temas mucho más prosaicos y candentes de los que ocuparse, esas mismas noticias son cuando menos impactantes y, porqué no decirlo, incluso escandalosas.

En estos días, como es normal, abro alguna página web de una agencia de noticias para ponerme al día de lo que pasa tanto en el continente africano como en el terruño o incluso en los Estados Unidos donde cruzamos los dedos para que llegue como principal inquilino de la Casa Blanca por primera vez un afroamericano... pues bien, estaba en esas cuando en una prominente página web de noticias, cuyo nombre prefiero omitir, sale en titulares una de esas noticias de última hora: “Por prescripción de su psiquiatra, Britney Spears es llevada urgentemente en una ambulancia a una institución mental.”

Muy fuerte lo de Britney Spears, pobrecita, con un historial psicológico y clínico de proporciones casi enciclopédicas, pero aún más fuerte lo del editor jefe de esa páginal digital de noticias. LParecía como si del destino de esa ambulancia dependiera la supervivencia del planeta y claro, dada la importancia de la chica y del caso, había que ponerla en lo alto de los titulares, eclipsando conflictos bélicos en diferentes partes del mundo, las tragedias del invierno en China, el aumento del número de parados o las noticias relativas al cambio climático o la desaparición de los osos polares. No había noticia que se pudiera supeditar a la magnitud y la relevancia de la enésima crisis nerviosa-emocional de esta niña, de la tutela de su desgraciada prole y del destino del novio o esposo de turno. Aparte de sus problemas de salud (que me parecen serios), la verdad es que no sé cuál es la relevancia mundial de esta figura cuyos valores culturales, artísticos deportivos o humanos por lo menos este menda todavía no ha podido descubrir.

A veces, no puedo evitar preguntarme si en nuestro supermoderno y superinformado occidente estamos bien de la cabeza. Quizás sea el hecho que todo nos vaya tan bien el que nos haga entretenernos con temas insulsos, narcotizantes, anestésicos de la realidad que nos rodea. Y lo peor es el negocio montado alrededor de personalidades perfectamente prescindibles y con poco o ningún sentido para el mundo en el que vivimos. Mira que hay cosas de las que hablar, héroes anónimos cuyas historias esperan ser contadas, hazañas ocultas que hablan de grandeza de espíritu y de generosidad de corazón... pero claro, quizás esas historias no cabrían en las glamorosas páginas de los semanarios, porque esa gente no llevaría puesto nada de Dior (posiblemente hasta olerían mal), ni tiene una mansión con decenas de habitaciones y cuartos de baño en Beverly Hills, ni siquiera aparecerán en los bailes benéficos de las grandes iniciativas filantrópicas. Por eso, tenemos que contentarnos con las “hazañas” de la díscola Britney y de la pléyade de personajes y personajillos de la misma calaña que pueblan los gráficos y los artículos de esos rotativos mal llamados “del corazón”.

Ante la dicotomía de un mundo que vive narcotizado por “tragedias” ajenas e insubstanciales, yo me decanto por otros mundos y realidades teóricamente “menos civilizados” donde se le dice al pan pan y al vino vino, sin más mandangas y sin montarnos en la olla elucubraciones mentales. Me quedo con la señora que, infectada del virus del SIDA, lucha contra viento y marea para sacar adelante su proble, con el trabajador que debido a la situación de su país ha sido despedido, incluso con los pobres chimpancés cuyo hábitat se ve cada vez más amenazado por la ambición humana. Porque, al final, entre esa lumbrera artística y ese pedazo de fenómeno mediático llamada Britney y la mona Chita, yo tengo cada vez más claro con quién me quedo.
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