XXIII Semana de Teología del instituto superior de Pastoral Blázquez: “El Concilio es el acontecimiento mayor de la historia de la Iglesia del siglo XX”
(José Manuel Vidal).- El arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez vivió como seminarista "aquella época de ilusión del Concilio". Y esa impronta la lleva tan dentro que la sale a borbotones. Como ayer, en su ponencia sobre "la Iglesia que quiso el Vaticano II" en la XXIII Semana de teología del Instituto superior de Pastoral. "El Concilio es el acontecimiento mayor de la historia de la Iglesia del siglo XX", "una gracia inmensa de Dios" y "sigue siendo la brújula de la Iglesia". Y, por eso, invitó fervientemente a recuperar aquella ilusión y aquel espíritu conciliar, para ofrecer "una mirada esperanzada, comprensiva, dialogante y abierta a la humanidad de hoy".
Santo y seña de la recepción y aplicación del Concilio en España, el Instituto superior de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca en Madrid, quiere aprovechar la efemérides del 50 aniversario del Vaticano II, para volver "a recibir el Concilio". Y sobre ese tema centró su XXIII Semana de Teología Pastoral, que comenzó ayer en el salón de actos de la Fundación Pablo VI de Madrid.
Con un público fiel de unas 500 personas. Y, para disertar sobre el tema desde ayer hasta el próximo jueves, unos ponentes de lujo como Jesús Martínez Gordo, José Luis Corzo, Felicísimo Martínez, Nurya Martínez, Eloy Bueno, Juan Matín Velasco y Ricardo Blázquez.
El arzobispo de Valladolid llegó a las jornadas perseguido por la actualidad: el día anterior un periodistas de la agencia Efe, tras romper el 'off the record', le hizo decir lo que nunca dijo sobre la presencia de la vicepresidenta, Soraya Sáez de Santamaría, como pregonera de la Semana Santa vallisoletana. Dolido por la faena, el prelado no quiso dar más cuartos al pregonero y se negó a abundar en la cuestión.
En la presentación, su amigo y compañero en el episcopado, Antonio Algora, obispo de Ciudad Real, hizo referencia al caso: "Ricardo trata de leer los signos de los tiempos y darles respuesta, sobre todo cuando le sueltan palabras que ha dicho en 'off the record'".
Ricardo Blázquez desgranó, durante más de una hora, sus recuerdos de joven seminarista en tiempos del Concilio y sus reflexiones de hondo calado teológico sobre la eclesiología conciliar y su recuperación y revitalización en la Iglesia actual.
Blázquez mamó el Concilio a los pechos de Don Baldomero, el famoso rector del seminario de Ávila, que "nos contagió el entusiasmo por el Concilio". A lo que añadía las crónicas del Ya y las de Martín Descalzo de 'Un periodista en el Concilio'.
Todavía conserva la constitución Lumen Gentium editada por PPC de 1965, firmada por dos de las grandes columnas conciliares: los padres Congar y Danielou. "Íbamos detrás de ellos como van hoy los chavales detrás de los deportistas más famosos. Y yo conseguí que me dedicasen la constitución conciliar, que conservo como oro en paño".
Por todo eso, Blázquez confesó que "la teología neoescolástica apenas arraigó en nuestro corazón". Y gracias a jóvenes profesores como Olegario González, ya se fue formando en la nueva teología "A diferencia de algunos compañeros de Salamanca, que tuvieron que reciclarse, yo no tuve que hacer reconversión teológica alguna".
Tras los recuerdos, el análisis para "volver a releer aquel acontecimiento mayor de la historia de la Iglesia del siglo XX". Con una serie de actitudes, a su juicio, esenciales "para poder recibirlo de nuevo". En primer lugar, "hacer una lectura detenida y leal (subrayó ambos términos) de los textos conciliares.
En segundo lugar, "situar aquellos escritos en el espíritu que les anima sin diluirlos", para volver a disponer de una "mirada esperanzada, compasiva, dialogante y abierta sobre la humanidad actual".
En tercer lugar, tener presente el objetivo fundamental del Concilio: "Reavivar la vida cristiana de los fieles". En cuarto lugar, releer "las orientaciones de los Papas del Concilio". Y citó algunas. Por ejemplo, Juan XXIII diciendo: "La Iglesia hoy prefiere la medicina de la compasión a la de la severidad" y "la Iglesia no escucha a los profetas de calamidades".
En su quinto punto, Blázquez advirtió contra el peligro de "convertir el vaticano II en un comienzo absoluto". Porque "ni antes todo fueron sombras ni después todo fueron luces" y plantear el Concilio así es "una caricatura".
En este sentido, también pidió que no se intente "construir un modelo de Iglesia, seleccionando textos" a conveniencia de cada cual. Y por último, instó a "tener el valor y la humildad de reconocer que no todas las aplicaciones que hemos hecho han sido acertadas".
Y tras los retos y las advertencias, la reivindicación del Concilio como "una gracia inmensa de Dios". Algo que, a su juicio, "hay que repetir ante ciertos escritos" que ponen en duda que, como dice Benedicto XVI, "el Concilio sigue siendo la brújula para ,la Iglesia de hoy".
Una Iglesia, la nuestra, que "debe renovarse, para transmitir la frescura del Evangelio" y seguir siendo "sacramento de salvación. De ahí que "frente a la Iglesia triunfalista", Blázquez abogue por "una iglesia a imagen del Jesús pobre, perseguido y humillado". Una Iglesia que, como Jesús, "haga la opción de ser pobre y siga de cerca sus pasos". Es decir, "una Iglesia educadora y liberadora como irradiación de su misión fundamental: predicar a Cristo".
En esta tarea, "nadie es imprescindible", pero "nadie sobra" y "todos somos preciosos", porque todos y cada uno de sus miembros somos "una semilla, un puñado de levadura, un grano de sal, una luz encendida porque Dios la enciende". Y concluyó: "Estamos llamados a ser presencia de la buena noticia de Dios".
En el turno de preguntas se notaba la desilusión de muchos de los presentes ante la deriva involucionista y, a veces, negadora del Concilio, de al menos una parte de la actual jerarquía española actual. Blázquez capeó el temporal como pudo y abundó en su forma de ver la realidad eclesial de la botella medio llena. Para ello, citó las reformas que se hicieron a raíz del concilio y que persisten, como el Sínodo de obispos, los colegios de consultores o los consejos presbiterales.
Antes de Blázquez, habían intervenido, con sendas ponencias, Jesús Martínez Gordo y José Luis Corzo. El primero, profesor de Teología de Vitoria, abordó "los contextos: del vaticano II a nuestros días". Centrando su ponencia en el pontificado de Pablo VI, hizo una profunda presentación de las principales claves de su papado: la renovación de la Iglesia, la promoción de la justicia y la evangelización del mundo.
Por su parte, le profesor del Instituto de pastoral José Luis Corzo disertó sobre "Juan XXIII, el Papa bueno párroco del mundo". Una ponencia tejida con recuerdos propios y apoyada en los de Loris Capovilla, el sempiterno secretario personal del Papa Bueno y fiel guardián de su memoria. Un Papa que, según decía Lorenzo Milani, sorprende a todos, incluso a los progresistas. "Me ha adelantado por la izquierda. ¡Qué vergüenza para un profeta!", decía el sacerdote y pedagogo italiano con su fino sentido del humor. Un Papa cuya clave teológica fueron los signos de lso tiempos, es decir que Dios sigue hablando en la historia.