Adiós a todo aquello - 3

La nueva sociedad ha barrido muchas cosas, entre ellas prácticas religiosas que nada decían al hombre y que en muchos aspectos lo tenían sometido o mentalmente postergado. En todos los aspectos, nuestro mundo es mejor que el que hemos dejado atrás. Y no porque sea el único que tenemos como afirmaba “aquel” filósofo (Leibniz).
En el abandono de prácticas hoy sin sentido ¿se ha esfumado la religión? Evidentemente no, pero sí su poder coercitivo. Esos aditamentos adheridos a la religión eran aquellos de los que la religión se ha valido durante siglos para el control de la sociedad.
El pueblo llano identificaba religión con prácticas y ritos. No podía ser de otro modo, dada la poca o nula profundización en los misterios sagrados, algo relacionado con su parva instrucción. Importaba más el rito que su contenido. El pueblo aprendía con actos e imágenes.
Pero como decíamos hace días, ¿era esto la religión? Evidentemente esto no es la esencia de la religión: así lo han venido diciendo los que realmente conocían, estudiaban y vivían los misterios de la fe. Y consecuentes con tal pensamiento, de que eso no era religión, concluyen que al desprenderse de tal hojarasca, la Iglesia se ha renovado, se ha despojado de las adherencias, se ha espiritualizado.
Es una forma de engañarse o de hacer de la necesidad virtud. Sí, esto era religión y lo había sido desde el siglo IV hasta la mitad del XX, que ya son siglos. La iglesia era socialmente “eso”. Y sin ello, hoy la Iglesia no sabe socialmente dónde está. Eso sí, dado que el tiempo pasa, con sus dirigentes sometidos a las leyes de la biología, la Iglesia está más envejecida, incluso espiritualmente. Sin pastores para su grey y sin suficiente renuevo para que su campo no se llene de malas hiervas.
Se engañan viendo la situación con los anteojos de grupos carismáticos, grupos de espiritualidad, grupos de oración, grupos bíblicos, festejos ante el líder que “viene a visitarte”…
Todo eso también existía antes. Quizá sean estos grupúsculos escogidos “el resto de Israel”, el que se va a hacer cargo de cerrar el chiringuito. La masa ha huido “en masa”. Hay otra, la que sigue creyendo, que o se va quedando anquilosada o acude a los ritos arrastrando el andador o ya no puede sino seguirlos virtualmente, en televisión. Algo es algo, dirán.