En el Año de San Pablo (8/16). Un piélago de barbaridades.

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Hoy día no existe preocupación, discusión o digresión alguna respecto a la doctrina asentada fuera de reducidos círculos teológicos preocupados más por “publicar” que por “enseñar”.

En otros ámbitos creyentes, en los que por cultura, educación y posibilidad de reflexión podría caber la disidencia, no hay la más mínima preocupación: “Yo creo lo que diga la Iglesia”, “tengo por vademécum el Catecismo de la Iglesia Católica”... Precisamente un documento dogmático donde mayor concentración de barbaridades racionales se acumulan. ¡Pero el vencedor es el vencedor y sólo procede el amén!.

Hablábamos días atrás de la poda necesaria en doctrina y tradiciones acopiadas, en concreto de evangelios canónicos frente a apócrifos, además del género literario al uso.

Hubo en los primeros siglos una profusión relativamente elevada de escritos sobre los hechos de Jesús que dejan constancia de la más variopinta acumulación de despropósitos que se puedan decir de un personaje destinado a ser idolatrado. Escritos que, puestos en sincronía, se dan de bofetadas unos a otros.

El propio Constantino, preocupado por la unidad del Imperio, se dio perfecta cuenta del sesgo que tomaba “su” nueva religión oficial y urgió una depuración doctrinal. Religión y Estado iban de la mano.

Y a ello se entregaron los Padres conciliares, expurgando ficciones... ¡pero conservando otras! ¿Con qué criterio? ¿La inspiración del E.S. que algunos defienden? ¡Por favor, un poco de seriedad! No se entiende por qué unos hechos son fábulas o mitos y otros relatos fehacientes. Cualitativamente un milagro a la altura de la mente de un niño, realizado por el Niño Jesús, es de igual entidad que el realizado por el mismo personaje ya adulto.

A guisa de ejemplo, traemos a colación hechos considerados “apócrifos” y hechos admitidos como “canónicos”. Escarbando en los textos de los evangelios apócrifos encontramos relatos del cariz que siguen(Selección de textos. Ed. BAC La mayor parte aparecen en el Evangelio del Pseudo Mateo):
• dragones amenazantes que salen de una gruta, caen a sus pies y lo adoran
• leones y leopardos van abriendo camino a la sagrada familia en su ida a Egipto
• a su orden, una palmera se inclina para dar de comer a la virgen
• resucita a un pollo asado para un banquete
• de niño estrangula pajaritos para lucirse luego resucitándolos
• fabrica gorriones de barro a los que da vida
• si se enfada con algún compañero de juego, éste muere, lo mismo que su padre
• a su voz el curso de un arroyo cambia
• cura picaduras de víbora soplando en la herida
• José, su padre, muere a los 111 años.
• Jesús aparece riendo a carcajadas

Lógicamente, “niñerías” de este estilo hacen dudar a los censores y determinan su carencia de inspiración divina. Dejemos aparte los milagros de todos conocidos referidos en los Evangelios. Lo que más resaltan son las numerosas contradicciones de los evangelios entre sí que podrían haber hecho dudar al mismísimo Espíritu Santo. Sólo respecto al relato de la Pasión:
• La ayuda de Simón de Cirene aparece en unos, en otros no.

• Las apariciones posteriores a su muerte, tanto respecto a personas como a lugares son distintas según uno u otro evangelio.

• Es de todo punto inverosímil que Pilato hablara (se supone con traductor) con Jesús, algo que no era de su incumbencia y además tratándose de un delincuente menor y judío.

• La figura de Pilato, bonachón, indulgente, que trata de exculpar a Jesús, sólo tiene una finalidad, adular a los romanos: no es concebible en un personaje cínico, necesariamente cruel y feroz para mantener el orden...

• A Jesús, por ser judío, no se le podía crucificar, debía ser lapidado.

• Aún así, a los crucificados se les abandonaba en la cruz y su agonía duraba días hasta que, comidos por aves y perros, eran echados en la fosa común.

• La tumba es algo también inverosímil: jamás un judío podía ser enterrado sin el necesario rito. Además los 30 kg de ungüentos, las vendas, etc remiten a prácticas egipcias, no judías.

• El nombre de José de Arimatea también es “performativo” (José “Después de la Muerte”)

• Respecto a los discípulos es inconcebible que después de convivir con él, de ser aleccionados, de recibir premoniciones... ¡se fueran a sus pueblos y continuaran con su trabajo!

• Y respecto a “muertes”, mención aparte merecen las del matrimonio que se queda con parte de la donación a la Iglesia, suceso relatado en los Hechos, por lo cual mueren a los pies del apóstol.


Pero si todo esto es un saco de gritos contra el sentido común, tampoco se entiende una de las mayores incongruencias internas de los Evangelios: la labor realizada por los ONCE Apóstoles (y con la elección de Matías, DOCE).

Pero esto ya es asunto nuevo que dejamos para mañana.
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