Aprenda alguna vez la Iglesia de su propia historia.


Después de mucho revolver, tergiversar, forzar, apropiarse de la Historia... y perder el tren de la misma, la Iglesia Católica debiera tener claras algunas cosas.

A)Las "democracias".

Respecto al mundo que ha tratado de “convertir” --amalgamando fe y sistemas de gobierno entre el caudillismo y la oligarquía-- y ahora se despega de ella, ya debiera haberse dado cuenta de que las realidades terrenales y humanas son autónomas, que se guían por sus propias leyes, que los valores de este mundo o son incompatibles o no tienen nada que ver con los valores a- o anti-terrenales que predica la Iglesia.

B) Su "doctrina".

Respecto a su propia doctrina, dar marcha atrás y limpiar de fango los fondos de su sentina hecho de tergiversación sesgada, de montonamiento, de deducciones a cada cual más débil y forzada , cuya máxima expresión es el indigesto Catecismo de la Iglesia Católica (como no pueden dejar de aplicar la lógica deductiva humana a su propia doctrina, así les sale lo que les sale)

Entre muchos, el aserto más grosero es la permanente, más bien interesadas, incompatibilidad que durante siglos ha mantenido entre sexo y Dios. Puestos a decir algo, quizá la única o más grande incompatibilidad que aparece en sus libros es la que se da entre Dios y el dinero (como ansia de poseer y como afán de dominio), algo en lo que se ha hundido la Iglesia hasta el corvejón.

C) Su "organización" gerontocrática.

Respecto a su propia organización, debiera aprender que los vientos de la historia empujan hacia sistemas democráticos, como forma de organización más elevada, fundados éstos en el hombre, su dignidad y sus valores.

¿Sabe algo de esto la Iglesia? Estructuralmente nada, desde luego, aunque tal sistema le sirva. Como el tronco correoso del roble, seco pero no podrido, sostiene todavía unas ramas sin savia, sin hojas y sin vida.

Pero no quiere darse cuenta y aduce argumentos en contra, que, sí, escarbando mucho siempre los pueden encontrar.

Por el camino de la totalización de la vida , hoy globalización, intentando fundamentarla en lo religioso, llegarán a la soledad; por el de justificar posesiones terrenales basándose en que no está el mal en el dinero en sí sino en su uso, van hacia el enfrentamiento incluso con sus servidores más fieles.

La necesidad, pretenciosa necesidad, de mantener estructuras humanas desfasadas conviviendo con la concepción de que la Iglesia es de carácter divino, no se tiene en pie: por ser “sociedad hecha de hombres”, debería aceptar lo que humanamente mejor funciona; y si, por otra parte, defiende su carácter divino, debería eliminar todo signo de autoridad, dejándole al Espíritusanto el gobierno de la Iglesia.

¿Se lo imagina alguien? Ni curas, ni papa, ni cardenales, ni monaguillos... Iglesias-receptáculo-conventículo de silencio, paz y oración.

En otro orden de cosas también ligadas al devenir histórico de los últimos siglos, dicen que la religión no interfiere en la capacidad científica, por la separación de campos del saber y de objetos del conocimiento. Algo de esto venimos oyendo estos días en boca del Vocero Mayor del Reino de Cristo. ¿Pues si es así, por qué chillan tanto contra "los peligros y los males de la ciencia"?

Todavía hay algún despistado que va dando voces por ahí diciendo que la ciencia debe mantenerse en los límites que le impone la religión(¡!). Demasiada petulancia.

Cuando la religión lo ha invadido históricamente todo, resulta necesario ir desprendiendo la vida del poder viscoso de la creencia.
Volver arriba