Ayudaron a pensar y se expandió la cultura... hasta que llegó el Profeta.

El sol pegajoso de los desiertos de Mesopotomia se atemperó al frescor de las brisas mediterráneas de Mileto, Efeso o Colofón en Asia Menor, o Elea y Agrigento en Italia. Siempre el mar. Allí se disolvían las creencias pétreas orientales en la digestión de la razón.
Filósofos. Lo poco que queda de su obra es suficiente: simplemente, pensaron. Las verdades tenían continuación crítica y no pasaba nada si morían en los brazos de otras que nacían: Tales tuvo su continuación en Anaximandro y éste fue completado por Anaxímenes. Parménideas, tan lejos físicamente y tan cerca de Heráclito; Jenófanes; Empédocles; Anaxágoras; Protágoras, Gorgias, Leucipo, Demócrito.
Frases de este último como “prefiero descubrir una sola cosa a poseer el imperio de los persas...” o “para el hombre sabio toda la tierra es accesible, pues del alma buena es patria todo el “cosmos” son el fundamento del “buscar” racional.
El afán por encontrar la verdad y explicarla creció y se alimentó a sí misma con su propia reflexión sobre las cosas, las personas y los acontecimientos.
Todo hasta que llegó el Profeta y, con la espada en la mano, sentenció: “No hay más verdad que la mía”.
La religión, creyendo tener razón, siempre termina con la razón.
Pasaron, cayeron, sucumbieron... pero sólo la persona culta puede llegar a comprender el enorme débito que tiene la cultura occidental con los griegos y los romanos.
Y sólo quienes han hurgado en esas culturas son capaces de discernir lo que griegos y romanos deben a culturas del entorno, Egipto, Mesopotomia...
Es el mismo débito que América o África tienen respecto a Europa, cuyas culturas autóctonas desaparecieron.
Hombres con pensamiento propio conforman una sociedad; esta sociedad crea una cultura; la cultura se expande por un continente; su expansión condiciona la economía... pero , la economía lleva al avasallamiento: he aquí “cómo unos hombres, pocos, generalmente filósofos, conducen a la globalización actual”.
¡Cuánta carencia de pensamiento en esta España adormilada! ¡Cuánto piojo resucitado con facies de cemento y labia repleta de prosopopeya se auto erigen en voceros de la verdad y lo único que consiguen es obnubilar las mentes de las masas que votan!
¿Cómo hacer que las ideas ancladas en la verdad se difundan, penetren, calen en la sesera social y sean muralla y parapeto contra la mediocridad mental que nos embarga?
Unos nombres: Aristóteles, Platón, Pablo de Tarso, Mahoma, Descartes, Marx... ¿En quién podemos confiar hoy?
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¡En J.L.R. Zapatero!, dicen las masas. Puestos a confiar prefiero en alguien más inocuo, Leire Pajín.