Consejos vendo...
Todas las religiones incitan a la práctica del bien. No podía ser menos. Todas buscan para el hombre la felicidad "a cambio" de practicar el amor, amor "al hermano al que ves"...
Cuántas veces olvidan los creyentes practicantes este precepto esencial y pretenden "compensarlo" con la práctica compulsiva de ritos, rezo de rosarios sin cuento, visitas al Santísimo, misas y comuniones diarias, confesiones semanales... ¡Llévate bien y sinceramente con los demás y déjate de chorradas!
Esas exhortaciones al bien de que hablamos son, sin embargo, pretexto para colar de rondón dogmas y ritos. Es más, hacen de las mismas rito: recuérdese el Jueves Santo. Son el subterfugio para justificar una casta sacerdotal portavoz del bien (si no hubiera sacerdotes no habría predicadores del amor, de la paz, de la comprensión y del perdón, vienen a decir). Burda mentira.
¿No es la mejor forma de generosidad realizar cuanto sea para el bien común? (Confucio, Libro III)
Practica el perdón. Manda el bien (Mahoma, Corán 7,198).
No odies en tu corazón a tu hermano... (Bhagavad Guita, 3)
Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Biblia, Levítico, 19,17).
El virtuoso incremnte la amistad... con una ininterrumpida sucesión de actos amistosos (Budacarita, 11).
Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros (San Juan, 15,17).
Sean benévolos con todo cuanto vive(Buda).
El sabio cuida a todos los hombres y no abandona a ninguno; acepta todo y no rechaza nada (Tao).
¿Podemos ponernos enfrente de estas máximas? En modo alguno. Las suscribimos de pe a pa.
A decir verdad estas citas no merecen atención alguna si consideramos el origen y la procedencia, porque son pensamiento común de la humanidad (del que la credulidad se apropia a poco que la dejen). Son expresiones que están en boca de cualquier persona de bien, y de hecho lo dice en cualquier ocasión, sobre todo cuando da consejos a sus hijos.
En la conciencia del hombre está grabada la necesidad de practicar el bien sin que nadie invente frases ocurrentes para empujarle. Es más, la conciencia es eso, la voz que nos dice si hemos obrado mal o bien.
Quizá podría ser ése el único Dios común, el Superyo de Freud, el Bien común, la Conciencia común... ¿pero no es “eso” ya el hombre?