Crear el vacío para llenarlo de aire.
Ya hemos hablado bastante de esto a lo largo de los mil setencientos artículos de este blog: para “hacer sitio” a la fe, debe salir del entendimiento la capacidad de razonar.
De igual modo, para conseguir la salvación que prometen, evidentemente deben crear un vacío total de felicidad.
¿Cómo le van a hablar a uno de felicidad si ya la tiene?
El que es feliz con su trabajo, su familia, sus amigos; el que encuentra complacencia personal en sus aficiones, sus paseos, sus lecturas... ¿por qué va a tener que buscar la felicidad en ritos que le aburren, en oraciones que no entiende, en dádivas que sabe donde caen, en actos y pensamientos a los que no ve sentido alguno?
Tengamos en cuenta que la salvación prometida es una de esas “grandes palabras” que sólo tienen traducción en las "pequeñeces" antes citadas. Lo queramos admitir o no, la felicidad del hombre está hecha de pequeñas cosas... aunque siempre esté pensando en las grandes, algo de lo que se prevalen los mensajeros de lo grande.
Pues aún así lo consiguen: ésta no es la suprema felicidad, la felicidad de este mundo es incompleta, sólo “tu salvación eterna” te procurará la felicidad.
Más escuetamente: las religiones generan la necesidad de salvarse, para, así, poder salvar al hombre de esa necesidad.
A partir de ahí, recua sin fin de costumbres, signos, oraciones, ritos, festejos, letanías, tiempos de recogimiento, visitas, lecturas, prácticas... que, muchas veces, ni se sabe qué relación tienen con la causa primigenia, la salvación, pero que consiguen atarle a la organización.
De igual modo, para conseguir la salvación que prometen, evidentemente deben crear un vacío total de felicidad.
¿Cómo le van a hablar a uno de felicidad si ya la tiene?
El que es feliz con su trabajo, su familia, sus amigos; el que encuentra complacencia personal en sus aficiones, sus paseos, sus lecturas... ¿por qué va a tener que buscar la felicidad en ritos que le aburren, en oraciones que no entiende, en dádivas que sabe donde caen, en actos y pensamientos a los que no ve sentido alguno?
Tengamos en cuenta que la salvación prometida es una de esas “grandes palabras” que sólo tienen traducción en las "pequeñeces" antes citadas. Lo queramos admitir o no, la felicidad del hombre está hecha de pequeñas cosas... aunque siempre esté pensando en las grandes, algo de lo que se prevalen los mensajeros de lo grande.
Pues aún así lo consiguen: ésta no es la suprema felicidad, la felicidad de este mundo es incompleta, sólo “tu salvación eterna” te procurará la felicidad.
Más escuetamente: las religiones generan la necesidad de salvarse, para, así, poder salvar al hombre de esa necesidad.
A partir de ahí, recua sin fin de costumbres, signos, oraciones, ritos, festejos, letanías, tiempos de recogimiento, visitas, lecturas, prácticas... que, muchas veces, ni se sabe qué relación tienen con la causa primigenia, la salvación, pero que consiguen atarle a la organización.