No basta que a los hombres les vaya mal y lo sepan y lo admitan: deben comprender, asumir y también convencerse de que las cosas pueden ser distintas.
Cuando el hombre se arrastra por el lodazal de la desgracia, cualquier remedio le parece bueno, aunque no lo sea: el más cómodo es la confianza que da la creencia en
un mundo de felicidad que, paradójicamente, se encuentra
en otro mundo.
El hombre ha de comprender que con su propio esfuerzo las cosas pueden cambiar. Y tener la seguridad de ello.
El derrotado por la vida comenzó y terminó derrotándose a sí mismo.
Primero la cruda verdad, luego el sufrimiento, luego el escondite: todo ello puede terminar con la salida del sol... o con la huida definitiva.
Pero algunas primeras verdades-origen puede no serlo tanto.